Desde hace más de cinco años saqué todas las televisiones de casa, es decir que puedo considerar que “no veo tele”, salvo cuando en casa de algún amigo o amiga, familiar, en algún local en la calle, restaurante, bar, u otros sitios, es donde veo imágenes de tv, que son regularmente #Televisión de paga, vídeos musicales, deportes y/o temas ad hoc al sitio en donde esté. La tv abierta, regularmente en casa de amigos, y este inicio de semana estuve en casa de unos muy queridos, en donde la tv por la mañana es indispensable para la organización del caos matutino.

Me explico: la tele marca el horario para despertar, saber quién se mete a bañar, quién prepara el desayuno, vestir a los niños (tienen dos hombres), el ratito de ver o escuchar noticias y una que otra novedad del mundo del espectáculo. Para luego, cuando están con la “recta final” del programa, salir disparados porque ya son “diez para”…

Durante el transcurso de las noticias se “percibe” la tv, y digo percibe, porque aunque se estén realizando otras acciones, la noticia llega hasta las entrañas. ¿Y cuál es esa información con la que le damos la bienvenida al día? Incendios, robos, desapariciones, mala economía, deudas, fraudes, impunidad, y más; en la farándula, demandas, engaños, y los dramas de las telenovelas que son sumamente angustiantes y, en consecuencia, acidificantes.

La acidificación, de los “lelodramas” televisivos es real; el cerebro no distingue entre realidad y la fantasía. Y si vemos en la tv, que la pobre “Juliana Rafaela” engañada y abandonada por “Lorenzo Rafael”, quien prefirió las caricias de “Bárbara Yessenia”, el coraje, la tristeza y otros sentimientos que se observan, ¡se viven realmente!. No se puede negar que hay una línea débil, ínfima entre lo que vemos en la realidad de la vida y la fantasía que proyectan estas series.

Ahora, sumemos la información del noticiero, y agreguemos la eterna barra de comerciales en los que se ofrece en un 70% del tiempo, productos para diversos achaques “comunes” que presenta la población actualmente: Pastillas para rendir más, tratamientos para gastritis, para infecciones vaginales de “niñas bien”, para hemorroides, desparasitantes, anti resfriados, cápsulas que tranquilizan y calman sin crear adicción. Para hongos en pies, para las articulaciones y más, realmente más.

Si esto lo relacionamos con la Opinión anterior, de ¿Quién nos enseña a alimentarnos?, encontramos que la tv se erige como guía de la Salud Familiar, es decir, -regresando al contexto de la familia alistándose en la mañana para las labores cotidianas-, durante las primeras horas del día, escuchamos información que ciertamente nos tensa; ya sea que recuerdan el fracaso de la selección, los muertos en no se dónde, o que tal colonia es la número uno en asaltos, eso ya nos predispuso a la tensión. ¡Y a todos en casa eh!, los niños también perciben esa información.

            ¿Qué sucede al fin?

Que la empatía con las noticias, y la identificación que se logra a través de la “creatividad” comercial, en donde nos vemos como el ejecutivo que corre a la oficina, y, desganado opta por las pastillas para “elevar la energía”, la señora que se identifica con las infecciones de niñas bien; ambos, con gastritis, eligen el mismo remedio que “la para”. Los niños y niñas “recetados” por la sabia nutrióloga televisión, que les receta, yogurts, bacilos, barritas, chocolates en polvo y regalitos sorpresa, que no son más que toneladas de azúcar para sus organismos, sin dejar de recalcar lo “necesario” de la leche, “quesque” para que crezcan más… ¡Patrañas!

Mi opinión es que todo está planeado. Tanto la dosis de noticias, como la gama de remedios ofrecidos. Unos tensan, o en definitiva nos obligan a sentirnos mal, y por otro lado, tenemos al alcance de la mano el “remedio” para sobrellevar todo mal síntoma, en lo que nos ponemos peor.

MENOS TELE, MÁS INTERNET Y DIARIOS PARA INFORMARNOS BAJO NUESTRA DECISIÓN.

¡SaludOS! #Nutrición #Curas de enfermedades