Dentro de los actos de todo ser humano podemos encontrar una división, aquellos que pertenecen al orden de lo público y, por otro lado, aquellos que se llevan a cabo en la vida privada. Dentro de los público tenemos todos aquellos que pueden desempeñarse frente a otras personas sin causar un efecto de morbosidad ligado a la atracción o repulsión, contrario a lo que sucede con lo privado, porque su naturaleza intima hace que sean enteramente acciones que, aunque se sabe de ellas, no tienen el deber de hacerse públicas.

            Desde hace siglos existen ciertos tabúes que en las más de las ocasiones se tiene como Kitsch de las sociedad decimonónicas; estos tabúes generalmente se van a integrar al orden de la vida privada, porque son asuntos que no pueden salir más allá de la intimidad particular del sujeto o conjunto organizado, ya sea porque hablar de ello implica una falta moral o la ruptura de la prohibición. Y es aquí donde el tema de la sexualidad, ya ampliamente tratado por la psicología profunda de Freud, se convierte en uno de los más grandes tabúes, porque revela latencias ocultas y primigenias.

            Incluso hoy en día, en pleno siglo XXI, aunque la sexualidad y su ejercicio, en las sociedades actuales ya no tiene el mismo valor que antaño, aún sigue estando presente el fantasma del tabú, y este punto se muestra todavía más crítico cuando el acto sexual pierde su finalidad reproductiva y se concibe, entonces, como un divertimento.

            Dentro de las polémicas actuales, que tienen que ver con este asunto, encontramos el video que protagonizaron dos estudiantes de la Universidad Autónoma de Chihuahua, dentro de las instalaciones. El acto no hubiera pasado más allá, de no tratarse porque hoy en día casi todos cuentan con teléfonos inteligentes, lo que provocó que estos dos jóvenes fueran capturados por las cámaras de algunos curiosos durante el acto, por lo que lo privado se convirtió en público.

            Pero, ¿qué es lo polémico de este video? Es obvio, para quien ya vio el material, que en realidad no se trata de un escena hardcore, típicas de las películas para adultos, ni mucho menos una softcore. En un primer momento podríamos decir que, el punto polémico, se debe porque tiene como escenario un jardín de la UACH, un lugar público, lo que provoca que la morbosidad se dispare; como lo dice Herman Voy Lorenz: “un acto privado llevado a cabo en un ambiente público siempre está tentado a ser más criticado, porque tiende a lo improvisado”.

            Recordemos un poco el caso de Kalifa, quien usó en una de sus escena un velo hiyab, elemento perteneciente a la vida religiosa y, por tanto, privada, del Líbano; otro caso muy sonado lo encontramos con Kendra Jane, estudiante universitaria de Oregon State, quien, en un video de casi 31 minutos, realizó actos onanistas dentro de la biblioteca de la Universidad.

            Cuando personas comunes y corrientes, que nada tienen que ver con empresas dedicadas al entretenimiento para adultos, llevan a cabo actos privados y/o íntimos, tiende a ver un mayor interés en ellas, porque se sabe plenamente que el acto en sí tiene un dejo más cercano a la realidad al desprenderse de los escenarios controlados que ofrecen las empresas, por lo que lo amateur se convierte en la clara manifestación de lo real. #Internet #México