Han pasado 14 años desde que el mundo fue herido en lo más profundo y las secuelas de aquel 11 de septiembre de 2001 continúan. La humanidad perdió su inocencia al comienzo de un nuevo siglo.

En realidad, poco a ha cambiado en lo esencial desde entonces. Medias de seguridad en aeropuertos y cruces fronterizos, protocolos de acción y prevención, vigilancia masiva, espionaje... y no obstante, los prejuicios, discriminación, la intolerancia y la ambición por el poder se mantienen intactos sino es que han aumentado.

Cuando cayeron las Torres Gemelas en Nueva York, se inició una cacería de brujas bautizada como "war on terror" en contra de Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda dando paso a una intervención militar no autorizada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ni por su Consejo de Seguridad. Años después, vimos como el presidente #Barack Obama junto con su gabinete de seguridad observaban desde la Casa Blanca una operación militar en Pakistán donde murió Osama Bin Laden.

Con el fin de Bin Laden, surge un grupo más radical que en silencio se fortalecía para irrumpir con mayor intensidad como un enemigo letal.

El Estado Islámico de Irak y Siria, ISIS por sus siglas en inglés, saltó a la escena con la decapitación de periodistas y activistas de occidente, la inmolación de un piloto jordano, el asesinato masivo de inocentes y recientemente la destrucción del patrimonio histórico y cultural de Siria e Irak.

Su capacidad operativa, económica, armamento y difusión en las redes sociales ha perturbado y sembrado miedo a gobiernos y sociedades de todo el planeta por que se desconoce el verdadero alcance de esta organización terrorista. El discurso es simple: convertirse al Islam o morir.

Es comprensible entonces la huida en masa hacia Europa principalmente, de habitantes sirios que ven amenazada su vida, la de sus seres queridos, sus #Derechos Humanos y que sólo buscan una nueva oportunidad para rehacer sus vidas, tener un nuevo hogar por que el suyo, les fue arrebatado.

En este nuevo aniversario de los atentados del 11 de septiembre, la pregunta sin respuesta sigue siendo: ¿Qué ha cambiado esencialmente? Tanta muerte y destrucción han causado solo paranoia y pánico; las acciones tomadas en seguridad son un pálido maquillaje para cubrir las profundas cicatrices que marcaron a la humanidad desde entonces y que claman por ser verdaderamente sanadas.

Aniversarios vendrán, se guardarán minutos de silencio y se construirán hermosos monumentos pero para darle un verdadero sentido a la muerte de las 2996 víctimas de las Torres Gemelas, la humanidad debe caminar hacia la tolerancia, el respeto a la diversidad de creencias y formas de vida. Los gobiernos y sus sociedades habrán de promover valores de intercambio, solidaridad y aceptación. De esta manera, emergerá de entre las cenizas un nuevo espíritu humanitario.