Con tan sólo 22 años la cantante oriunda de Tenesse, Miley Cyrus, ha eclipsado los reflectores participando como anfitriona en la pasada entrega de los premios MTV, donde no perdió la oportunidad de mostrar nuevamente la calidad de contenido que se influye en la juventud del siglo XXI. Un traje de astronauta que dejaba en descubierto prácticamente todo su cuerpo y su típico show exhibicionista recalcó la inmadurez, el banal contenido musical y la teatralidad de la cantante.

A lo largo de la historia ( en cuanto a estilos y géneros musicales) han desfilado un sinfín de artistas con las características de Cyrus, extravagantes, con gusto por lo psicodélico y lo kitsch y que se miran a ellos mismos como ‘justicieros sociales’, pues la cantante ha dejado en claro en múltiples ocasiones su favor hacia los movimientos sociales y la justicia hacia las diferentes subculturas o preferencias sexuales, sin embargo padece de poca comprensión a los complejos problemas que se viven en la realidad, no en la hollywoodense o en la norteamericana donde todo es posible, sino en la de los países tercermundistas y con modelos político-económicos diferentes,

Miley no termina por comprender que ‘salvar al mundo’ no es enseñar las partes íntimas a más de 30 millones de personas y enorgullecerte por ‘ser atrevida y diferente’ ni tampoco donar una parte de su acaudalada fortuna a las ONG’S, su influencia como figura del entretenimiento y líder juvenil evoca hacia la falta de consideración social (si, Miley ¿Sabías que toda la marihuana que consumes probablemente proviene del crimen organizado, lucro que ha dejado a miles de personas muertas y que representa un gravísimo problema en el entorno social y económico de otros países?), su extravagancia en las redes sociales a la cual miles de niños tienen acceso y su manipulación al pensamiento ‘liberal, radical y egoísta’ forman parte de la cultura norteamericana. Desafortunadamente el hombre vive en sociedad y para que la sociedad funcione debe existir cierto orden, las minorías son parte importante en el sistema democrático pero manipular de manera negativa su estilo de vida es arriesgado y superficial.

Existe un gran problema emergido por la ideología capitalista y por el concepto de ‘rebeldía’, la diferenciación y búsqueda de identidad de los jóvenes parece sumergirse en una falsa idea de felicidad, libertad e individualidad, pues aunque todas y cada una de las generaciones tuvieron roles y figuras a las cuales imitar y aceptar, tal parece que todo lo que el hombre construyo en pro de la sociedad ha sido relegado al papel de ‘conservador’ y ‘old fashion’, prevaleciendo el actuar y egoísmo personal. No dudamos de la autonomía y personalidad de Miley frente al viejo cliché de los artistas y cantantes pero si en su madurez emocional e intelectual hacia como conduce su vida y evidentemente como conduce la de su público.

Seguramente veremos más de Miley Cyrus aunque no estamos seguros que más puede explotar o bien enseñar.

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