La semana pasada doña Carmelita “Corcholata” Salinas, actualmente diputada federal por el PRI, fue captada por la cámara de avispado reportero de la lente supuestamente durmiendo en su curul, situación que ella niega y atribuye la situación a traición que le jugó un par de pestañas postizas que le fueron colocadas momentos antes de entrar a escena… quiero decir al recinto legislativo.

Que un legislador se quede dormido en plena sesión de la Cámara de Diputados y sea sorprendido en el acto no es una situación que haya dejado de ser usual, por el contrario, inclusive ya parece algo normal y cotidiano que a cualquiera, reconozcámoslo, puede suceder, por lo intrincado de los temas que allí son tratados, y que francamente en algún momento pueden tornarse aburridos, amén de la complejidad de encontrar soluciones que no perjudiquen al estoico ciudadano (ellos juran…).

Sin embargo, la sui generis explicación que Carmelita ofrece para justificar su aparente desliz con Morfeo en tan respetable recinto, sólo logra que quienes no votaron por su arribo a la curul, e inclusive quienes sí le otorgaron su confianza mediante el sufragio, recapaciten en la gravedad de otorgar tamañas responsabilidades a figuras populares, sí; carismáticas, sí; simpáticas y dicharacheras, también, pero que carecen de la preparación elemental para poder servir como legislador a su país.

Al igual que “El Cuau”, presidente municipal de Cuernavaca, ambos personajes son queridos en ámbitos totalmente diferentes al escenario político; uno echando patadas y haciendo fintas provocadoras en el engramado futbolero; la otra arrancando sonrisas en el entarimado teatral, o en los foros televisivos, o dando cátedra de albur a los esforzados aprendices de Guerra de chistes, pero no en un escenario que ya de por sí es agraviado por personajes que, disfrazados de legisladores, atracan y apuñalan a quienes los llevaron a sus curules.

No Carmelita, reaccione. Qué necesidad de echar por la borda medio siglo de aprecio popular por una mísera dieta que usted fácil duplica con otra gira de albures a ritmo de mambo con el sutil nombre de, sugiero, “La venganza de Aventurera”.

Así como vamos, y con el valeroso ejemplo que han puesto los hermanos guatemaltecos, tumbando a su presidente y poniendo a la cabeza de su preferencia en las recientes elecciones a un reconocido cómico de esos lares, que pudiera llegar a ocupar la silla presidencial… en una de esas Carmelita llega, no a la presidencia, pero sí por lo menos a una secretaría, qué le parece la SEP… ¿demasiado?, de acuerdo, dejémosla que despache en Conaculta… Dios guarde la hora. #Gobierno #Televisión #Cultura Ciudad de México