Le ha costado tanto al hombre su libertad, que ésta debe primar sobre cualquier otra consideración. La libertad individual no debe ser coartada por el sistema social que prime en cada momento, bajo la indiscutible premisa de que ésta sólo termina cuando empieza la libertad de los demás.

El logro alcanzado por el sistema democrático de partidos, en los términos representados en el mundo occidental, con un carácter de generalidad y salvando sus indudables defectos particulares, ha demostrado su eficacia en relación a la salvaguarda de las libertades sociales e individuales. ¡Y ante todo la libertad en nuestro mundo claramente se ha vislumbrado como el bien más preciado del ser humano! ¡Con libertad el horizonte se abre inmenso, sin ella se dibuja un pozo de negritud, un camino hacia la nada, un nihilismo fantasmagórico!

El sistema democrático de partidos (no de partido único), como tantas veces se dice, se consolida como "el menos malo de los posibles".

En algunas sociedades como la española, esto posee matices especiales: ¡Es tanto el sacrificio de hombres y mujeres de este país por conseguir su democracia! ¡Puede perderse con tanta facilidad y rapidez!... Nuestra pasada y reciente historia, grabada en un pesimismo histórico, en una angustia social vital, en un lloro interno de añoranza de una patria grande, en la actualidad empequeñecida... son elementos añadidos que explican la tremenda ansia de libertad del español, de todos cuantos habitan en esta "piel de toro" llamada España.

El mundo occidental, mal que le pese a algunos, es un mundo de libertad, la mayor conseguida por la humanidad en su larga historia: ¡Es un tesoro a salvaguardar, por encima de cualquier circunstancia!

Todo evidente, quizás sí, pero... Siempre hay un pero. La reciente historia europea de las dos guerras mundiales nos ha enseñado que esta democracia de partidos tiene un gran punto flaco, unas grietas que, precisamente, en base a su consagrada libertad la hacen muy vulnerable.

Como así ocurre con los grandes imperios, la acción exterior difícilmente acabará con ella, excepto si ya estuviera moribunda; por el contrario, desde dentro el caso es bien distinto.

El sumo logro de los llamados "#Derechos humanos", paradójicamente, lleva en sí el lastre interno de su debilidad. Los enemigos de este "imperio de libertades" encuentran un fácil acceso al corazón de nuestro sistema amparados significativamente en tales derechos. Los detalles están a la orden del día, pero hay algo sobre lo que debemos, especialmente, llamar la atención de forma clara, diáfana y sin tapujos, dada la importancia y trascendencia del peligro que encierra. El peligro inmediato, no sólo en España, sino en otros países europeos como Grecia, Francia, etc., es el auge de los llamados populismos, que suelen desembocar en ideologías de corte neofascista, dictaduras de izquierda o derecha, polos opuestos a la libertad.

Si en Alemania por ley, los partidos neonazis no pueden concurrir a las urnas, ni siquiera existir, consecuencia de la experiencia de su historia, no tan lejana, de desalojo del terreno público de los otros partidos políticos, ¿por qué no aplicar este mismo principio a otras naciones? ¿Por qué no en la nuestra?... Todo partido político que no declare solemnemente el respeto presente y futuro a las normas democráticas básicas de la libertad de las diversas opciones políticas e ideológicas, de libertad de prensa, de las libertades sociales comunes en nuestro mundo occidental, al igual que lo que acontece con los partidos neonazis en Alemania, debe prohibírsele por ley de la concurrencia a las elecciones libres democráticas, debiendo entrar en esta consideración, por supuesto, partidos que de algún modo fomenten cualquier viso de violencia o terrorismo.

¡La libertad es lo primero, y la sociedad debe "blindarse" al respecto! #Elecciones 2015