A lo largo de la historia de los #Videojuegos ha habido un ir y venir entre la audiencia, los organismos reguladores, los distribuidores y los desarrolladores: La censura. Sexo y violencia son los principales objetivos de esta práctica, que a través de los años ha variado en rango e intensidad.

 

Nadie podría imaginar hoy en día un Mortal Kombat sin sus fatalities y demás movimientos violentos, sin mencionar la generosa cantidad de sangre que se maneja en este juego. Pero no debemos olvidar que fue este mismo título el que llevó a la creación de la Electronic Software Rating Board (ESRB), organismo que asigna clasificaciones de edad a los videojuegos de acuerdo a su contenido.

¿Y cómo olvidar el infame RapeLay? Esta creación fue desarrollada en Japón, y pone al jugador en la piel de un abusador en transporte público, cuyo objetivo es abusar y violar a tres chicas, dos de las cuales son menores de edad. Este juego ha sido prohibido en varios países, y sobra decir que ha causado controversia en todo el mundo.

En el caso de la región americana, en la cual la ESRB  es autoridad máxima, muchos desarrolladores prefieren autocensurarse antes de someter el producto a este organismo, para poder mantener una clasificación menos restrictiva, o en el peor de los casos, evitar la clasificación “AO” (Adults Only), la más alta que entrega la ESRB, y la única que es totalmente restrictiva para su venta en consolas. Sony, Nintendo y Microsoft no permiten que ningún juego clasificado AO llegue a sus consolas.

 

Pero la pregunta más importante: ¿Toda esta censura es justificada? En el caso de Alemania, por ejemplo, todo juego que tenga referencia al nazismo está prohibido, por lo tanto el desarrollador tiene que modificar el contenido, como fue el caso de Wolfstein o Call of Duty, o simplemente no sacar el videojuego en el mercado germano.

En la saga de Final Fantasy, el cambio de los letreros de “Pub” por “Cafe”, o el cambio de una guillotina que pendía sobre la cabeza de una chica por la de una bola de hierro gigante… Vaya, hay cambios que han sido duramente criticados por ser innecesarios.

 

Un caso especialmente importante de autocensura es Dead or Alive Xtreme3, que por medio de su página de Facebook  confirmaron que el juego no saldrá de Japón. En este mismo post, Koei Tecmo declaró que la principal razón era por los problemas que hay en la industria en cuanto a cómo se trata a las mujeres en los videojuegos.

 

En tiempos recientes, la compañía nipona Nintendo ha sido la protagonista de una serie de censuras que han llamado la atención de los videojugadores. La más reciente entrega de Fatal Frame: Maiden of Black Water para la Wii U contenía en su versión japonesa trajes de lencería para las protagonistas, que fueron remplazados por trajes de franquicias icónicas de Nintendo para las versiones americana y europea.

 

Y Nintendo ha sido especialista en censurar todo aquello que considere demasiado provocador.  En Fire Emblem: Awakening, una chica que salía en ropa interior le fue cubierto el trasero, en Braverly Default algunos de sus personajes femeninos sufrieron cambios para cubrir la ropa reveladora, y en Xenoblade Chronicles X, el personaje de Lin también llevará ropa más recatada en su versión europea, además de que se le cambió la edad de los 13 a los 15 años, recurso que es muy socorrido al momento de localizar para nuestra región un juego en el que hay personajes femeninos menores de edad.

 

Y es que ese es uno de los problemas más importantes en la localización de un juego: Los choques culturales entre Japón y EEUU, el primero con su ideología tan abierta sobre la sexualidad y el segundo con su cultura de armas y violencia tan arraigada.

Cada quien deberá tomar su postura. Hay quienes aseguran que la censura no debería de existir ya que modifica la intención del creador del juego, hay otros que aseguran que mientras no se mutile el gameplay, la censura es aceptable, y claro está, hay quienes apoyan la censura en su totalidad. ¿Ustedes que piensan? #Internet #Tecnología