Aún no hemos lavado el disfraz de zombi o Maléfica del Halloween cuando todos los supermercados y comercios ya ostentan la parafernalia kitsch navideña y, desde noviembre, nos joroban con sus letreros azuzándonos a consumir con promociones y descuentos especiales. ¡¡Uuufff!! He aquí los justificados motivos de un “Grinch” discerniente para odiar esta temporada.

Los villancicos

A donde vayas resuena el mismo sonsonete que escuchaban nuestros bisabuelos, abuelos, padres y nosotros cuando niños. ¿Hasta cuándo una nueva generación de villancicos? Ya estamos hasta el gorro de la “campana sobre campana” y esa idiotez de que los peces beben el agua del río para ver a Jesús nacido. ¿Son anfibios y salen caminando a buscar el pesebre? ¡Qué surrealismo tan desquiciante!

Los falsos sentimientos de felicidad

Como es #Navidad es tiempo de amor y felicidad, de estar de plácemes y de buena voluntad a la fuerza. Tenemos que ser buenitos, amorosos, armoniosos, generosos ,simplemente ¡porque es Navidad!

Los regalos

Empezando por la convivencia de la empresa – asistes no tanto por convivir con tus compañeros que no te caen del todo bien - sino con la esperanza de llevarte alguno de los regalos de la rifa, mientras tanto, tú que eres rockero te tienes que tragar todo el cancionero zoológico-tropical: el venado, el caballo dorado, la vaca...¡y nada de premio oye, ni siquiera una botella de vino...¡Psch!

Luego está el dichoso intercambio del dichoso intercambio de regalos del que no te puedes zafar por no parecer antisocial. Te tocó Lichita y te devanas los sesos pensando qué le puede gustar, la observas , preguntas a sus compañeras y gastas una buena lana en el más reciente libro de Saramago. ¿Y a tí? ¡Vaya, otra vez una corbata (que no usas), una estilográfica (que terminas regalando), una botella de un licor que ni fú ni fá o un maldito regalo de broma. ¡Ja, ja, qué -gracioso- miren- cómo -me -divierte! Y de los regalos familiares, ni hablar, tres cuartos de lo mismo.

Las relaciones personales

De nuevo las discusiones con tu pareja (si aún la tienes) ¿en qué casa ir a la cena navideña? ¿Otra vez con sus padres? Deciden ir “un rato con los tuyos y otro con los míos”. Al final no disfrutan ni una ni otra fiesta por estar pendientes del reloj, el colapso de tráfico y la distancia hasta la “otra” casa. Nunca falta la incomodidad de fingir cordialidad con quien no la merece y te tira mala onda (tu hermana al que no le hablas, la pareja de tu prima que es una pesada, tu tía a la que debes dinero). Nunca falta el brindis “por los ausentes” con sus consabidas lágrimas y retorcimiento de tripas.

Los excesos

Mal que bien habías asistido al gimnasio, conseguiste bajar algo de panza y mantenerte más o menos maciza, pero desde que inició diciembre no has parado de engullir y beber lo que te ponen enfrente. En cada visita, el dulce, la copita, el postrecito, el ponche. ¡Y cumpliste religiosamente con el Maratón Guadalupe-Reyes!

Los propósitos de año nuevo

Obviamente el primero es hacer ejercicio por la resaca moral post-navideña. Después acabar de pagar la tarjeta y deudas diversas, ser menos pesimista, cuidar tu salud, encontrar novia, escombrar y quedarte con lo realmente indispensable, viajar, bla, bla, bla... Acabando el año si cumpliste la cuarta parte ¡date por bien servida! #Invierno