Entre el atrio de su iglesia y las casas de los burgueses, Hidalgo solo observaba. En las tertulias a las que asistía cada tarde siempre era bien recibido sobre todo por las damas más ricas del ambiente sobre todo el español. Actuaba con el objetivo de escuchar entre el chismorreo las noticias y comentarios de los maridos en torno a lo trascendente.

 

Como rector de la Universidad de Valladolid hoy Morelia brilló. Fue enviado a la capital de la Nueva España para reforzar su preparación en materia teologal. Amigo del juego apostaba sin reparar y en su trayecto a su nueva ubicación perdió el dinero que se le había entregado en razón de dicho vicio.

Aunque le apodaban el zorro, yo lo llamaría halcón. Su presencia y su cultura deslumbraban. Denotaba personalidad que lo hacía atractivo a las mujeres y su mirada era penetrante de modo que a la persona observada la hacía sentir desnuda.

Era un personaje por demás contradictorio. Sus labores sacerdotales, esto es oficiar misas, impartir los sacramentos, convocar a los rosarios, etc. prefería dejarlas en manos de sus allegados. Sus convivencias sociales eran solo para espiar y así saber de lo más importante en el ámbito de la vida mundana.

En mi opinión Hidalgo padecía complejos. Si a más de sentirse pequeño en medio de la alcurnia, igual le molestaba convivir y departir con sus otros compañeros religiosos. De ahí pienso yo su necesidad de reconocimiento vía el levantamiento en contra de España mismo que rumiaba desde hacía tiempo y con gran ansiedad.

En torno a lo anterior, se daba una conspiración que encabezaba a lado de Ignacio Allende y Juan Aldama militares profesionales. Bien sabían que la misma demandaba de recursos en términos de dinero, armas, gentes con convicción y preparadas. A estas últimas no les prestó atención. El ejercito que preveía estaría formado por el propio pueblo, situación que sus compañeros no aprobaban.

Sabiendo que para hacerse de recursos su camino sería el saqueo y con el pretexto de su amistad con los poderosos españoles, novohispanos, criollos y demás, Hidalgo se acercó a un amigo muy rico de apellido Riaño. Luego de pasar la tarde con este último de manera casual le pidió en préstamo 200 pesos, los cuales solo serían pretexto para saber en donde de su casa guardaba sus caudales.

La noche apareció, se despidió agradecido y de ahí tomó camino a su casa para encontrarse con su hermano Mariano con quien compartió la merienda antes de retirarse a descansar. Esto sucedió el 15 de septiembre de 1810.

En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, Allende y Aldama arribaron a la casa de Hidalgo y azotando la puerta urgieron a Mariano despertar a su hermano a efecto de anunciarle que la conspiración había sido descubierta.

Bajó Hidalgo somnoliento, tranquilo, pidió se sirviera chocolate y algunas piezas de pan dulce y se dispuso a escuchar a los recién llegados los cuales denotaban mucha urgencia y ansiedad. Después de escucharlos, don Miguel solo manifestó ¡llegó la hora! ¡salgamos a acabar con los gachupines! Allende y Aldama sin estar de acuerdo con él procedieron a obedecerlo.

Cerca de las 6 de la mañana arribaron a la iglesia del lugar, impidieron que el cura que se preparaba para oficiar la primera misa lo hiciera y se ordenó que se tocaran las campanas para que los habitantes, la mayoría indígenas, se acercaran al atrio de la iglesia. También dispuso que se liberaran a los presos.

Hidalgo portando el estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe lanzó una arenga y así iniciaba una acción mesiánica y populista. #Educación