Ya son dos semanas desde que el Nuevo Reglamento de Tránsito de la Ciudad de #México entró en vigor, con nuevos lineamientos, flamantes multas, costosísimos equipos de fotomultas y hambrientos agentes de tránsito rondando las calles en busca de la próxima víctima de sus mordidas. Pero… ¿Qué ha cambiado en realidad en la selva de asfalto que es la ahora la Ciudad de México?

Uno de los puntos que más inconformidad ha causado es el tema de los límites de velocidad, siendo el más alto los 80 kilómetros por hora en vías de acceso controlado… Más allá de lo irrisorio de esta disposición, considerando que la velocidad promedio en la ciudad se encuentra entre los 6 y los 13 kilómetros en horas pico, al día de hoy en estas vías, las cámaras de velocidad me hacen sentir como si estuviera en una alfombra roja, gracias a que los demás conductores rara vez respetan el límite.

La protección al peatón es uno de los puntos fuertes de este nuevo Reglamento, supuestamente. El problema es que al parecer ni siquiera los agentes de la policía se enteraron de esto, ya que en innumerables ocasiones les he tenido que pedir a éstos que se quiten cruces peatonales, aludiendo al hecho de que ellos son los primeros que tienen que respetar la ley… Para qué comento ya de los automovilistas y transportistas, para quienes las cebras peatonales y los carriles confinados para bicicletas, parecen inexistentes.

Y hablando de bicicletas… Es una hermosura ir transitando sobre Paseo de la Reforma, sólo para encontrar que hay un ciclista en sentido contrario recordándote a tu mamá porque “casi lo atropellas”, sólo para que luego esa misma persona se suba a la banqueta y “casi atropelle” a un peatón. ¿Y alguien hace algo? No. Esto sigue siendo una realidad en todas las vías por donde transitan bicicletas, y lo seguirá siendo, ya que el nuevo Reglamento sólo contempla “faltas administrativas” para sus conductores.

 Y para finalizar, el tema que hace a las calles de la Ciudad de México una verdadera jungla: Los transportistas. Hace poco inauguraron por mis rumbos una flamante nueva ruta de transporte público, y dentro, uno puede encontrar la leyenda “Este camión no puede exceder los 40k/h”… Sobra decir que el camión sólo bajaba la velocidad para subir o dejar pasajeros, en lugares no permitidos. El chiste se cuenta solo.

¿Qué pasa? ¿Este nuevo Reglamento servirá? En los ojos de los políticos que lo aprobaron y lo defienden, las excesivas multas son el incentivo perfecto para no cometer delitos (y de paso financiar la campaña del Jefe de #Gobierno, Miguel Ángel Mancera, a la Presidencia en 2018, según dicen los malpensados). En los ojos de los ciudadanos de a pie, no servirá por que en unos meses a todo mundo se le olvidará y volveremos a hacer lo mismo de siempre. De hecho ya hay Senadores federales pidiendo a Mancera que reconsidere y corrija este Reglamento.

En los ojos de este su humilde columnista, el Reglamente está mal de inicio. Es un castigo excesivo a los conductores de automóviles, muy laxo con los transportistas, y totalmente ineficiente con los ciclistas y peatones. No hay una intención de concientizar a la gente sobre una verdadera cultura vial de convivencia entre todos los que utilizan la calle. Hace falta que la infraestructura carretera y de transporte público estén a la altura de este Reglamento, con calles sin baches, semáforos que funcionen, y transporte público digno y con conductores capacitados.

Pero lo más importante: Hace falta educar a los agentes de la Policía, que son los primeros en no respetar el cruce peatonal, en hablar por teléfono mientras manejan, en pasarse el alto, en conducir a exceso de velocidad… Y claro está, los primeros en buscar “la mordida” de parte del conductor que tenga la mala suerte de caer en sus fauces.

Sólo el tiempo dirá si este Reglamento sirvió, pero a dos semanas de su entrada en vigor… El Reglamento es un fallo total. #Crónica Ciudad de México