En el barrio de Tepito uno sabe que puede encontrarse todo tipo de mercancía: Legítima, pirata, robada o como sea. Tampoco es de extrañar que aparezcan cosas que rayan en lo absurdo. Algunas de ellas son mercancías alusivas al personaje del momento: Gorras y camisetas adornadas con el apodo del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera.

"King Chapo", "Drug God El Chapo" y varias otras leyendas lo aclaman en prendas como si se tratara de un superhéroe o una estrella de cine.Y por si fuera poco, incluso una gorra negra adornada con un bigote y el apodo "Chapo" tiene una pieza de acompañamiento: Una gorra del mismo color con el nombre "Kate" y un zapato de tacón alto sustituyendo el bigote. Sobra decir el por qué.

Esto es un claro fenómeno de adoración popular extrema, una muestra más de la penetración de la Narcocultura en la sociedad mexicana. Si uno hace un poco de memoria recordará que en previas detenciones de Guzmán Loera se realizaron en Sinaloa y otros puntos de México manifestaciones para pedir su libertad, al considerar que su presencia garantizaba la seguridad en esos lugares, al prevenir las peleas entre grupos rivales de narcotraficantes.

Pero sobre todo, lo que mucha gente manifestaba, es que se le tenía mucho más aprecio que a la clase gobernante mexicana, lo cual dice mucho sobre ésta.

En octubre del año pasado, la periodista Zineb El Rhazoui, del semanario Charlie Hebdo, dijo en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca que dudaba que los grupos terroristas islámicos, como el que masacró a sus colegas el 7 de enero de 2015, sean más peligrosos "que la mafia y la clase política” de México.

El que la gente opte por adorar más a un narcotraficante que a un político nos habla de manera clara de la fuerte descomposición del aparato político mexicano.

Después de todo, en lugares como Guerrero se dice que han sido los narcotraficantes los que han levantado escuelas y traído electricidad y agua potable a poblaciones históricamente abandonadas por los tres niveles de #Gobierno.

Lo que hacen estas personas simplemente es asegurarse de contar con el apoyo del pueblo y quizás obtener alabanzas de este.

Pero en un país donde los políticos no están dispuestos a dar nada para obtener esas ganancias mucho más allá de los tiempos electorales, es fácil entender el por qué la gente se vuelca sobre lo que percibe como héroes que luchan contra el poder que les hace caso omiso.

El problema es que estos héroes son tan peligrosos como el gobierno que hace dudar a El Rhazoui, amenazada de muerte por Al-Qaida, sobre si tendría el valor de trabajar en México, donde las amenazas al periodismo parecen venir de todas partes. #Tendencias #Viral