Todo tiene un inicio emocionante

Siempre supe que México era tierra fértil para los negocios. La primera vez que pisé tierra azteca fue en el 2005, en una misión comercial organizada por el #Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Desde entonces, viajaba a razón de dos o tres veces al año por negocios.

Pero decidí iniciar la travesía de emprender nuevos negocios. Había escuchado de cambios en materia de burocracia estatal, los cuales –en teoría- facilitaban la creación de una empresa.

La cita

Llegado el día, me presenté en la dependencia a las ocho y treinta de la mañana. La cita era a las nueve. Me sentí con suerte, cuando ocho y treinta me anticiparon el turno. 

El comprobante de domicilio

Me rechazaron de inmediato porque el comprobante de domicilio lo requerían a nombre de la empresa que estaba por dar de alta. El interrogante lógico fue: Si se supone que para que me generen una factura de un servicio, debo tener un número de RFC, ¿cómo se supone que me podrían facturar, si es lo que vengo a generar? La respuesta demoró en llegar y eso ocurrió luego de escalar al jefe de sección.

La respuesta fue tan llamativa, que no sabía si reír o llorar; y según el funcionario yo debía solicitar un servicio de suministro de energía eléctrica, agua o teléfono, pidiendo que se utilice un RFC genérico XEXX010101000.

Así que pregunté ¿puedo deducir esa factura? La respuesta fue “tragicómica”. “No lo puede deducir, pero piense que algo debe invertir cuando crea una empresa”, señaló con voz firme el funcionario.

Luego de mi insistencia, me ofrecieron una alternativa más: presentar un comprobante de un servicio a mi nombre, por ser uno de los accionistas de la nueva empresa.

Por dicha tenía un comprobante del cable a mi nombre. Con el recibo en mano, volví a iniciar el trámite. Entre idas y vueltas, ya eran las 10 AM.

La revisión de un acta constitutiva y la carga en el sistema del SAT suelen demorarse. Creo que la demora y el frío, me produjeron unas ganas enormes de ir al baño. Tal como cuando éramos niños y le pedíamos permiso a la maestra para ir al baño; le insinué si me permitía ir a cumplir mis necesidades fisiológicas mientras terminaba de cargar los datos en el sistema.

El procedimiento mientras te atienden sin poder ir al baño

Poco grata fue mi sorpresa cuando me indicó que por procedimiento, si yo me levantaba del escritorio, debían anular todo y generarme un nuevo turno, porque los vigilaban por cámara y el escritorio no podía estar vacío. 

Cerca de las once de la mañana yo seguía aguantando. Cuando la funcionaria finalizó, me derivó al sector de generación de la clave FIEL. Suspiré.

Al llegar al sector, ofrecían disculpas y proponían a las personas que vinieran otro día, porque el sistema estaba caído.

Hice un rápido análisis y decidí que era conveniente tomar el riesgo de esperar. De manera que me volví a sentir con suerte, al saber que por fin podría ir al baño

En menos de veinte minutos regresé a la sala de espera. Al enterarme que el sistema estaba normalizado, esperé ser llamado para la captura de huellas dactilares y nada. A la media hora consulté mi expediente. No lo encontraron y por ello tuve que recurrir a quien me había atendido originalmente.

Reiniciar

La funcionaria me indicó que mi trámite se canceló y que debía regresar otro día. La justificación fue que se me había voceado varias veces y yo no estaba allí. Una vez más, mi capacidad de asombro se elevó por la estratósfera.

Sin otra alternativa, tuve que tomar otra ficha, previa intervención del jefe. En la sala de espera, supe que el sistema de turnos del SAT no tiene un llamado sonoro. Mi espera transcurrió mirando fijo la pantalla.

Y un final entretenido

Tener paciencia, ser perseverante e insiste. Sí se puede; pero sólo se deben seguir unas pocas reglas: Inicia tu cita con treinta días de anticipación. No puedes leer, porque puedes perder tu turno. Invierte en algo que no puedas deducir, pero lo más importante: ni se te ocurra ir al baño, porque debes reiniciar todo otra vez. #Viral