Hace apenas algunos años era difícil pensar en las relaciones amorosas como un ejercicio en el que más de dos personas pudieran participar; sin embargo, hoy día resulta cada vez más recurrente escuchar hablar sobre el poliamor, una noción de amor que viaja del pasado y comienza a derrocar ideas arraigadas en nuestra educación nacida de la tradición judeocristiana. Una fina línea divisora entre, “Si no es mío, no será de nadie” y “Si amas algo, déjalo libre; si regresa es tuyo, sino, nunca lo fue”.

El poliamor es un nuevo concepto en el que los implicados establecen relaciones afectivas con más de un individuo a la vez. Sin importar orientación o preferencia sexual, ya que el ámbito carnal es relegado a un segundo término para darle mayor importancia al aspecto emocional de las relaciones interpersonales. Una nueva práctica que aboga por la libertad, no sólo sexual, sino de decisión para estár, o no, con alguien. Dejar de objetivarse y proyectarse en el otro, para convertirse en un ser independiente y menos oprimido por estatutos morales, sociales y culturales.

Entonces, ¿será el poliamor una solución a las agresiones de género diariamente cometidas en países como el nuestro? México, uno de los cinco  países latinoaméricanos con mayor índice de feminicidios, según cifras vaciadas en el reporte Global Burden of Armed Violence 2015: Every Body Counts. Ubicación geográfica donde los ataques de carácter misógino esconden no sólo una actitud de intolerancia, sino un arraigando sentimiento de posesión al interior de las relaciones pasionales. Reflejo de una educación machista acerca de “cómo debe ser el amor”.                                                                  

Ideas arcaicas, regidas por pautas de carácter, explícita o implícitamente, católico. Una religión donde las relaciones de pareja “normadas” deben ser: monogámicas, heterosexuales, abnegadas y, hasta cierto punto, dolorosas. En las cuales, las parejas están obligadas a luchar por: no separarse, mantener aventuras escondidas y celarse de forma enferma. En síntesis, limitar la libertad del otro a merced de mantener estandarés conservadores que no admitan modos de amor distintos al dictado por el dogma.      

La dinámica ofrecida por esta práctica amorosa pretende separar los dos tipos de amor mencionados por Pausanias en el Banquete de Platón. Es decir, el amor vulgar, proveniente del deseo sexual, del amor ideal, nacido de la admiración por la belleza inherente a la inteligencia de una persona. Un punto de partida para alentar el ejercicio de la libertad individual. Romper los viejos paradigmas sociales sobre la construcción del amor y violencia de género propiciada por interpretaciones unidimensionales o sesgadas de un concepto polisémico. Donde abusado y abusador terminan por entender sus interacciones controladoras como una muestras de cariño y no como actitudes enfermizas.

Aventurémonos a resignificar a Los amorosos de Jaime Sabines, entrando de lleno en los tormentosos tiempos “modernos”. No para negar la existencia del amor como un sentimiento, pero sí para hacer extensivas las condiciones propicias para su desarrollo. Lejos de celopatías y cada vez más cercano a la libertad de amar y ser amado sin poseer. Encontrar un sitio nuevo, dentro del cual, la “soledad y su largo coqueteo con el triste juego del amor” termine, no por resignación sino por satisfacción personal. #Derechos #Cultura Ciudad de México #Sociedad Ciudad de México