Desde la antigüedad, le hemos dado la vuelta al cubo de rubik de las emociones, tratando de encontrar la causa a un laberinto que se extiende más hacia los lados en cuanto se inicia una búsqueda de la razón en las agonías del alma. Uno de tantos que trató de explicar o clasificar las emociones fue Hipócrates, en base a la teoría de Empédocles – las cuatro raíces –. Para el padre de la medicina, el bienestar físico del hombre se basa en el equilibrio de los cuatro humores o líquidos de los cuales se conforma el cuerpo humano: Sangre-sanguinario, Bilis Negra-melancólico, Bilis Amarilla-colérico, Flema-Flemático/Apático o demasiado apacible. Cada asignación tiene una diversificación más amplia.

Retomar esta teoría y tomarla como vista,  por primera vez, podría dar respuesta a muchos de los conflictos que afectan a  tantas personas en la actualidad. Por ahora, este capítulo se enfoca a la Bilis Negra-Melancolía. Muchas de las veces retomamos ideales y los enfrascamos dentro de nosotros mismos, dando como resultado la abstracción de un sentimiento fantasma; esto es algo que no podemos exigir de otra persona, no es posible esperarla,  es una emoción irreal basada en nuestras percepciones y en una ilusión arraigada en las propias ensoñaciones.

La melancolía está ligada, vulnerablemente, a este sentimiento fantasma. Ponemos demasiada palidez para crear de la nada una emoción que llega a ser contraproducente para la estabilidad emocional – reponemos carencias de la realidad –, pero  la llamada Bilis Negra es un don según la personalidad. Lo mismo pasa con las enfermedades a nuestro alrededor, los padecimientos parecen estar  dentro del encuadre de las emociones.

Esta parte de nuestro ser – a la cual todos parecen encontrarle un contra en la mayoría de las veces – no debe ser cortada de tajo, ya que deja a la esencia del alma indefensa y siendo incapaz de conseguir combinarse en protocolo con otras personas, ya sean coléricas o flemáticas. Correría el riesgo de encontrarse en un “modo errante”  la emoción primordial de la persona que va probando encajar en las distintas personalidades; esto se vuelve un ciclo de cero productividad emocional, ya que poco a poco van agotándose las nociones naturales de la propia personalidad. Cuando al fin se vuelve al origen, se desconoce por completo lo que al principio formaba parte de la personalidad del ser.

La Bilis Negra es uno de los más complejos humores, sin embargo, si se habla de excesos, solo podemos resaltar que añorar algo, que no está dentro de la encriptación de nuestras propias emociones, degenerara la propia identidad.  La respuesta es una posibilidad invisible, creada únicamente por el reflejo que le demos nosotros a cada emoción. No le tratemos de dar un nombre, si quieres sentirte triste está bien: al final tú eres el factor  determinante, para autoindeterminarte, si lo que te viene bien es volver a crearte a ti mismo. #Psicología #Filosofía