Este reportaje es una de las muchas historias de vida de uno de ellos. Gustavo Fuentes es un hombre de mediana edad que con tan solo una mano puede sostener dos cocos. Manifiesta entre una mezcla de melancolía y resignación que hace 19 años partió de San Bernardo del Viento, quizás para nunca volver. Él abandona su pedazo de tierra por los dos grandes motivos que un campesino colombiano se ve obligado a dejar el sitio de sus ancestros: por la violencia de los grupos armados y por la ausencia de un estado fallido en el campo. Gustavo es uno de los 6.6 millones mal contados de hombres, mujeres, ancianos y niños colombianos desplazados en su propio país. 

San Bernardo del Viento es una provincia que queda al norte de Colombia que tiene unos 34 mil mal contados habitantes y hace parte de una región que por más de 40 años a sido escenario de la influencia de los diferentes grupos armados de autodefensas, narcotráfico y de la guerrilla.

Más de 5 décadas de conflicto armado interno en Colombia ha vulnerado los #Derechos Humanos de la población civil en especial a minorías sociales como las comunidades afrodescendientes, los pueblos indígenas y los campesinos. Hay que mencionar que una de las complejas causas de este conflicto armado más viejo en América Latina es la lucha violenta por la posesión de tierra en los campos colombianos.

Una solución ocasional de por vida

Con unas pocas míseras monedas en sus bolsillos y una gran necesidad de tener una oportunidad laboral y mejor vida, Gustavo huye del terror de estos grupos armados. Se refugia  en una ciudad caribeña de Colombia. “No fue nada fácil comenzar desde cero en Santa Marta” (es uno de los sitios receptores de desplazados), expresó Fuentes, refiriéndose a las pocas oportunidades laborales.

Su incorporación laboral fue en el rebusque. “Trabajé en lo que menos quería hacer”, lo expresa con un tono de desparpajo que caracteriza al hombre del Caribe. Y añade “Me dediqué a trabajar por allá arriba en la finca de café. Aquí y allá. Tirando machete, pero me di cuenta que uno cortando monte y mojándose, no dan ningún resultado económico

Le tocó vivir por más de siete años esta situación, hasta que descubrió por la fuerza de la carencia su vocación de vendedor de frutas y verduras a las personas que circulan por las calles y parques de la ciudad. Entonces fue así, que Gustavo le hizo el quite al hambre, a través de la actividad comercial del “rebusque”, donde es tan notorio ver a diario hombres y mujeres en las calles de Colombia.

En su carreta en madera de dos ruedas, atiende con una sonrisa y “mamadera de gallo”, a sus compradores  que llegan a solicitar el fruto más apetecido después de las 11 de la mañana el aguacate, además de otras productos comestibles tropicales como la Piña o el Mango.

Ahora Gustavo Fuente soporta un poco más su nueva vida como lo hacen los 6.6 millones mal contados desplazados que sobreviven a las heridas de su desventura. Debido a que la opción de regresar a su tierra es casi imposible, como la afirma Amnistía Internacional "Los principales escollos incluían la falta de medidas para garantizar la seguridad de las personas que deseaban retornar, y la ausencia de medidas sociales y económicas efectivas que aseguraran las sostenibilidad de todos los retornos". #Trabajo