Luego de variopintas opiniones, críticas a favor y en contra, de que parece que causó más revuelo lo que no dijo el Papa, o se lo reservó para mejor ocasión, todavía sigue un eco sobre ése particular asunto de la visita pastoral de Bergoglio, más hacia la feligresía que a la clase política. Y es que hay que entender que las reglas de la diplomacia o hasta de una simple cortesía, no dejaron a don Francisco otra alternativa que en el mejor de los casos tolerar las posturas oportunistas o de ocurrencia que haya tenido las gentes del gabinete, el mismo Presidente y desde luego, la "protagonista" del "show", es decir, la "primera dama" de México.

¿Qué dejó la visita del Papa?

Si bien va, al menos sembró en su peculiar estilo de propagar las Buenas Nuevas, o sea el Evangelio, ya en cualquiera de sus cuatro versiones oficialmente aceptadas por la Curia Vaticana, una semilla que falta germinar, cultivar y cosechar los frutos de la liberación espiritual, de combate a la opresión y muy en particular para los jóvenes, reconocer y/o reafirmar el valor que tenemos como personas humanas. La médula del deber ser del cristianismo, es amar a Dios, al prójimo, igual que a sí mismos, premisa unificada que nos llevará a la transformación, a la transición de ser en verdad hombres valiosos. ¿No es acaso el mejor de los mensajes evangélicos? Eso es lo que nos vino a remachar en la consciencia individual y colectiva, el Vicario de Cristo. Habrá desde luego disidentes, contradictores o abominadores, lo que es normal.

La clase política. De igual manera, los políticos y en particular los que detentan el poder, de frente o tras bambalinas, no iban a dejar pasar la oportunidad de darse "baños de pueblo, ni golpes de pecho", tanto ante el invitado como ante los demás. Eso no hay que dudarlo, es una estrategia mañosa y antigua que pretende generar simpatía y luego, votos electorales. Otra cosa muy distinta es el efecto y la credibilidad, tanto de creyentes católicos, como de ése 40% -cada día disminuyendo, curiosamente como sucede igual en la religión y en cifras muy cercanas- de sufragistas nacionales diseminados hoy, en 10 Partidos Políticos, cuyos líderes obviamente y a pesar de su ideología o creencias no necesariamente católicas o teístas, también llegaron en Palacio Nacional, al besamanos de los jerarcas oficiales del Poder paralelo de la Política Partidista y la Religión Católica.

Los simples y mortales creyentes

 Es un hecho demostrado por la idiosincrasia nacional, tanto en Política, como en Religión, que a los mexicanos importó más la mera visita papal, la emoción de "ver" al Papa, de oír lo que tuviera que decir, que cualquier otro efecto, incluido el que no produce nada en ambas y paralelas trincheras. Decía Nietzsche que la religión y la esperanza es para los débiles, para los que son o tienen visión de esclavos, que la esperanza es el peor enemigo del bienestar de hombre, que literalmente lo castra y no le permite crecer. En Méico tenemos un dicho: "La esperanza muere al último". ¿Será ésa una razón de peso para nuestra forma de ver y aceptar tanto latrocinio de los poderosos, de la llamada "clase política" o de la jerarquía religiosa? Parecemos estoicos, con una personalidad bipolar que nos hace estáticos críticos de café o de banqueta y por otra parte "aguantamos vara". Entre líneas nos lo dijo el Papa: ¡Despertad, Pueblo de México!

El sello de la hospitalidad de los mexicanos y el cariño espiritual del Papa, son marcas que quedan indelebles, más allá del oportunismo ramplón de los personajes políticos del momento. Y luego nos queda la incongruencia entre el dispendio del gobierno para la visita del Pontífice y el anuncio inmediato a su partida, del recorte presupuestal por conducto del Secretario de Hacienda y Crédito Público. #Familia #Dólar #Finanzas