La llegada. Tras un viaje un tanto cansado, el Papa Francisco no perdió el ánimo. Casi nadie considera su edad y ajetreo constante, casi todos quieren "exprimir" el momento hasta la última gota. Y don Francisco I, ni se inmuta, responde con mucho al reto que significa complacer a tanto mexicano, que además, es vedad, estuvieron esperándolo por largas horas. Y además tocarse el clásico sombre de charro.

El ánimo feligrés. Sin duda alguna el vapor que mueve la maquinaria papal, es el fervor y la esperanza de ver a un Papa y lo que significa para la confesión católica. No importa tanto la personalidad u origen del hombre, del llamado Vicario de Cristo, aunque por ejemplo y sin hacer odiosas comparaciones -tomando en cuenta tantos viajes, como nunca antes y canonización "exprés" de Juan Pablo II- el nuevo prelado tiene su propio carisma y también sus controversias y contradicciones con la tradición y el protocolo. Y casi todos aceptamos -hablando fuera del ala oficialista de ambos "gobiernos", el clerical y el político- que como dijo Jesús en el Templo: "A Dios lo que es de Dios y al César, lo que es del César", es decir, la vieja y casi infalible fórmula del Laicismo para una mejor convivencia, es bien entendida por los mexicanos. Una cosa es lo que quiera decir o aparentar la señora Rivera y/o EPN, que lo que piensan y sienten los feligreses.

El efecto. La gente quiere ver al Papa, aunque sea por unos segundos. Mientras se dice en algunos medios que en Chiapas hubo discriminación y tal vez hizo falta que estuviera don Samuel Ruiz, Obispo guanajuatense -originario de Irapuato- muy querido allá y en particular el los altos, por los "zapatistas" de quien fue incluso interlocutor con el gobierno federal de aquél tiempo, con el "presidente del cambio". Una cosa es cierta está a la vista: El gobierno federal (obviando nombres y personajes), quiere tapar el sol con un dedo y quiere presentar "otro" México, ése que existe sólo en el imaginario político de EPN y sus cercanos. Otra cosa, es que algunos cándidos compatriotas esperan un "milagro" para que los gobernantes hagan en verdad su trabajo en pro del bienestar colectivo, entre algunas situaciones económicas, sociales y políticas. Podemos decir que soñar no cuesta, por más discursos papales un tanto directos y realistas. Del dicho al hecho, hay mucho trecho como se dice coloquialmente aludiendo a la incredulidad.

De cualquier manera, el Papa Francisco ajeno a la "guía de su visita", es un hombre cabal que no se va a comer la que se dice es la última de dos sopas, porque la primera ya se acabó. Bien por sus discursos y acordes a la idiosincrasia nacional, esperemos que su mensaje si haga mella y por fin, se done para mejores causas la "casa blanca", baje el precio de la gasolina, la energía eléctrica doméstica y la canasta básica, por más que sean parte del "cuento a la mexicana" como el de Juan el vivo, o como en otros lares latinos, Pedro de Urdemalas. Esperemos pues, que acabe el programa, ante una rampante #Corrupción y gobierno de políticas públicas fallidas. #Enrique Peña Nieto #Angélica Rivera