Los mexicanos somos muy abiertos y sentimentales. Muy dados a guardar recuerdos que quedan impregnados para el resto de la vida. Esta nueva visita ahora del papa Francisco bastó para que después de 5 días se sienta un ambiente que hace que la atmósfera refleje gran nostalgia.

Si hablamos de organización y orden podemos decir que nos hemos hecho sujetos de la máxima calificación. Muy difícil resulta controlar multitudes que suman millones, cuando sabemos que el ambiente en que nos encontramos hace prever incidentes que han terminado en masacres.

Imagino al gabinete encabezado por el “¡Mira vieja! ¡qué bien que salió todo! Dimos la imagen de matrimonio modelo hasta al punto de aparecer en las cámaras comulgando…”. Igual la seriedad y aplomo de sus colaboradores quizá conversando entre ellos “esperemos que eventos como este, queden reservados para el próximo sexenio. La joda que significó estar presentes en cada actividad no la podríamos soportar en otra igual”.

Y qué decir de los obispos, no los sacerdotes, después de la regañadota en serio en catedral estando presente chiquitito, chiquitito, nuestro farsante cardenal Norberto. “¿Este que se cree que por ser Papa tiene facultades para exhibirnos y ponernos en ridículo? Traigo las nalgas rosadas por acompañarlo sentado en esos pinches automóviles compactos. Luego que se vaya, regreso a mi Mercedes con chofer y sus polainas y de nuevo como es costumbre me acerco a cumplir mi único compromiso de cada semana que implica oficiar la misa…” “Si cierto su excelencia ¡vaya que tiene razón!” contestaron sus esbirros.

Así como ejemplos anteriores se notaba la falsedad de muchos obligados a asistir. Los medios de comunicación muchas veces exponían opiniones que se contradecían a la luz de lo que exhibían.

Pero mejor vayamos a lo bueno. Yo empezaría con los niños acompañados de sus padres ¡Eso sí fue autenticidad! Su inocencia, júbilo, alegría e ilusión marcaban una pauta a seguir por parte de su Santidad, quien muchas veces puso a sudar a los responsables de su seguridad. Punto uno a favor del acontecimiento, esto es: la familia.

¿Qué decir de tantos niños enfermos visitados y apapachados por el Papa cuando se le dio paso a los hospitales…? Los mexicanos no somos tontos y sabemos distinguir entre el amor y la falsedad.

En Ecatepec frente a millones de asistentes Francisco se sentía en su lugar, denotando su conmiseración y convicciones a favor de tantos necesitados. Igual hubiera sucedido en Tepito o en cualquier barrio similar.

Cabe resaltar los cientos de músicos y bailarines que a la llegada del bienvenido hacían su mejor esfuerzo por demostrar si no su maestría como artistas, sí esa sensibilidad, respeto y alegría que hacían los ambientes plenos de efusividad.

¡Y los indígenas! En Morelia y Chiapas, hacían ver a cualquier mexicano a más de nuestras bellas tradiciones y folklore, la dignidad de pueblos dueños de usos y costumbres que bien deberíamos estimular y cuidar de que persistan.

No entiendo el complejo de muchos mexicanos frente a USA a sabiendas que el colorido, las marimbas, los violines, los bailes, etc. están muy por encima de la modernidad de un pueblo vecino que cada día refleja su camino a la decadencia.

Yo agradezco al Papa Francisco el que nos haya tomado del brazo para acompañarlo mientras nos mostraba tanto de lo nuestro que debe hacernos sentir plenos y orgullosos.

@ap_penalosa #México