Nuestro cerebro es un almacén de recuerdos. Algunos están a la vista cuando deseamos evocar, pero aquellos que nos flagelan, los escondemos en el interior del subconsciente.

La religión nos habla de la existencia de 7 pecados capitales, a saber: ira, avaricia, lujuria, gula, soberbia, envidia y pereza. Esos mismos, la psicología moderna los ha adoptado y bautizado como “defectos de carácter”. Se dice que de los 7, 3 sobresalen de entre los seres humanos. No se pueden eliminar porque están insertos en nuestra naturaleza, pero si tomamos conciencia de ellos entonces se pueden limar.

Hacer un ejercicio que nos lleve a conocer nuestros defectos requiere de mucho valor y concentración. Es necesario sentarse a solas y escribir en un cuaderno todos aquellos sufrimientos que recordamos a partir del momento en que tomamos conciencia. Se hace necesario escribir de corrido tal y como salen las ideas de nuestra mente. No se debe releer lo escrito ni tampoco corregir.

En los grupos de AA a dicho ejercicio se le llama el cuarto paso. No es recomendable escribir cada día en un tiempo de más de 2 horas. Conforme se avanza aparecen de pronto recuerdos que teníamos guardados en el subconsciente. Practicarlo obliga a estar asesorado y escuchado por un experto a efecto de consolar cuando surgen realidades que, por miedo a atormentarnos sin saber, hemos guardado para tratar de olvidar.

Como todos, yo también he caído en situaciones de angustia existencial. Las sensaciones de tristeza y soledad me han invadido al punto de dudar en torno al sentido de la vida. Por ello una vieja amistad mía de profesión psicóloga me recomendó llevar a cabo el ejercicio arriba anotado, el cual no está reservado solo para los que sufren de alcoholismo. Condición: hacerlo en su consultorio a efecto de contar con su ayuda. Y es que la mente es tan poderosa que cuando muestra lo guardado que no queremos recordar nos provoca sensaciones de extrema ansiedad que hacen que las reconozcamos y expulsemos a manera de catarsis.

El carácter de los humanos se empieza a formar a partir de nuestra infancia. Si la misma fue feliz y constructiva nuestra personalidad  denota fortaleza y seguridad. Si por el contrario desde nuestra niñez nuestra vida ha sido objeto de calamidades, es de entender que el perfil de la persona refleje resentimientos y a la par también sufrimientos.

En mi caso luego de varios meses de escribir, en muchas ocasiones después de aparecer lo que tenía guardado, lo hablaba con la doctora con el fin de analizarlo. Era como aquel que tiene algo que lo indigestó y se hace necesario vomitar.

Según la edad y el correr de la vida de cada quien, el volumen de lo escrito varía. Cuando yo realicé mi cuarto paso contaba con 55 años de edad lo que me llevó a llenar tres cuadernos de 200 hojas  por ambos lados. Leerlo en presencia de mi psicóloga me significó un tiempo de más de 7 horas. No fue fácil, repito, estoy escribiendo sobre lo que fue una auténtica catarsis.

La experiencia anotada me resultó muy fuerte pero a la vez fascinante. Con la ayuda de la doctora descubrí mis defectos de carácter con los cuales trabajo cada día. Cuando cualquiera de ellos aparece tomo conciencia de mis debilidades para corregir y no caer. Conozco mis imperfecciones, claro que es imposible eliminarlas,  resultando eso una tarea que me invita cada día a estar alerta y a crecer.

Hoy mismo, luego de escribir lo anotado, me siento en paz conmigo mismo y comparto con quien me lea una experiencia que espero les pueda resultar de utilidad.

@ap_penalosa #México