En mi artículo pasado expuse a manera de resumen los acontecimientos trascendentes que se suscitaron a lo largo de nuestra historia a partir de que #México alcanzó su independencia. Concluí expresando que en mi opinión la misma es vergonzante.

En forma paralela otras personas coincidieron conmigo al punto de reconocer que somos un pueblo afecto a la patriotería la cual nos expone a fanatismos que obstaculizan el conocimiento de nuestro real devenir. En algunos casos sus opiniones fueron además de fuertes por demás mordaces.

No faltaron también aquellos que con el pretexto de que lo que ha estado mal en la historia de México, igual ha venido aconteciendo en el resto del mundo. O sea que así como las tortugas se refugian en su concha, muchos mexicanos tienden a evadir la realidad.

La historia no es una ciencia exacta pero aún así aceptándola como es nos permite tomar lección de lo bueno del pasado así como de lo que estuvo mal. Nuestra desgracia está en el hecho de que la historia oficial de México además de ser falsa es manipuladora y se aprovecha de la condición en que se encuentra nuestro país que adolece de la estructura de una educación de calidad masiva que redunde en una auténtica conciencia de nacionalidad.

Si somos realistas, debemos aceptar que para hacernos de lo anterior tendrán que sucederse muchos años pues así como el comer, vivir en medio de la higiene y estudiar, etc., aprender es un hábito que no se adquiere de la noche a la mañana.

Lo malo de todo esto deriva de dos factores, primero: ni el Gobierno ni la sociedad han tomado conciencia de que media para lograr lo anterior el tiempo. Una vez que en nuestra nación arranque verdaderamente en aras de lo aquello anotado que cada día se hace más  urgente, ni nosotros, nuestros hijos, nietos y quizá bisnietos serán testigos de los resultados.

Otro factor que nos afecta está en la impaciencia de los mexicanos que sin siquiera aportar y a cambio del otorgamiento de un voto, exigimos resultados que se den de manera inmediata. No estamos claros de que parte de nuestra responsabilidad implica coadyuvar a favor de un futuro que a nosotros no nos beneficiará. Somos egoístas y solo nos satisface lo que se nos da al momento.

Y bueno, de ahí las consecuencias. Por ser México un país enormemente rico que vive en un relativo marco de estabilidad, paz y envidiable posición geográfica, nuestro patrimonio es cada día más codiciado, apreciado y demandado por los extranjeros. Si a eso agregamos la corrupción que nos flagela, es de entender la desmoralización que nos hace abúlicos, faltos de interés por sobresalir, etc., para mejor entregarnos fanáticos al fútbol acompañados de barbacoa, garnachas, tequila, cheves y demás.

Es bien fácil criticar a México y su sistema por cosas que están a la vista. Pero así como es fácil señalar con el dedo índice a cualquiera que está mal, por el contrario, es muy difícil utilizar el mismo dedo para señalarnos a nosotros mismos.

Alguna vez alguien me aconsejo: “si vas a hacer una crítica negativa en torno a una persona, antes toma en cuenta también sus cualidades…”. Ese mismo consejo se lo paso a la persona que señalé al principio de este artículo, esperando lo haga reflexionar.

@ap_penalosa