En el año 2010 el gobierno mexicano creó un sistema de #Televisión con el rimbombante nombre de Organismo Promotor de Medios Audiovisuales (OPMA) con el propósito de brindar a la sociedad mexicana un espacio alterno dentro de la nueva era de la televisión abierta digital, donde poder expresar libremente el pensar y sentir de la propia sociedad a través de programas nuevos, originales y, sobre todo, con identidad nacional.

Sin embargo, desde su creación, que coincide con las reformas en materia de telecomunicaciones, su desarrollo ha estado rodeado de una “neblina” difícil de cruzar, empezando por el tortuoso tema del “apagón digital”. Lo más lamentable es que la población no se ha enterado cabalmente de su existencia y repercusiones; vaya, ni la mayoría de la gente que se dedica a trabajar en medios de comunicación televisiva está enterada de esto.

En 2014 se cambió el nombre al organismo por el de Servicio Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR); es decir, ya no es de la sociedad, aunque digan que los objetivos son los mismos, porque no es lo mismo ofrecer contenidos “diferentes” a la audiencia que ofrecer contenidos generados desde la audiencia (la sociedad).

Ahora, hay que comprender algo fundamental, que una estación o sistema de televisión reciba recursos económicos públicos (del Estado) no significa que sea un sistema público. La televisión pública es un sistema que recibe recursos del Estado pero que funciona de manera independiente al gobierno cualquiera que sea su linea política de este último. Así, un sistema de televisión pública tiene libertad editorial, reporta y está pendiente de los requerimientos de la sociedad y obedece a sus preferencias y necesidades. Todo esto no sucede en México.

Como referencia podemos ver lo que hacen otros sistemas de televisión pública en el mundo: Televisión Española (TVE, España), Deutsche Welle (DW, Alemania), British Broadcasting Corporation (BBC, Reino Unido), Japan Broadcasting Corporation (NHK, Japón), Radiotelevisione Italiana (RAI, Italia), por citar algunos. Cierto que esos sistemas llevan mucho tiempo de ventaja, pero desde el inicio la visión y el compromiso han sido claros. El intento anterior en México fue IMEVISION, que casi funcionó, pero los tiempos y las necesidades políticas lo sacrificaron. Ahora, con el OPMA o el SPR no hay ni idea de lo que significa un verdadero sistema público. Falta valor. Por otra  parte, la falta de conocimiento e interés por parte de la ciudadanía hace que el bajo perfil que mantiene el SPR facilite la operación bajo criterios dudosos y la toma de decisiones con intereses mezquinos.

Una prueba de la falta de comprensión y dudosa intención es la que muestra el Director General Armando Antonio Carrillo Lavat en la entrevista que le realizaran para DW el 2 de julio de 2014, donde, por citar un ejemplo, dice: “El decreto de creación que nos rige dice que tenemos que promover la producción de materiales independientes, pero eso es tan amplio como cualquier cosa, materiales producidos por productoras independientes puede ser todo y nada a la vez”. Durante la entrevista deja entrever su nula comprensión del tema y la evidente evasión de las preguntas directas al respecto, porque, también aquí, este es un tema con trasfondo político.

Falta aclarar cuáles son los criterios de selección de los proyectos y, sobre todo, de los productores que las realizan y cómo se distribuyen los recursos de las producciones que se llevan a cabo para el sistema.

Las intenciones que se refieren en los principios de creación del SPR pueden ser excelentes, pero la realidad es que el sistema de televisión pública en México no existe. No aún. #Congreso #Corrupción