El pensar en el suicidio,  es una forma inevitable de sentirse “aquí” y “ahora”. Las circunstancias o motivos que rondan este acto, tan valido pero tan castigado, son individuales y no deberían pesarse en la balanza de lo “anormal”.

Esta provocación de dudas e información errónea,  es porque la gente tiene un concepto de muerte muy abigarrado – muy a pesar  de que distintas culturas, se celebra como parte natural del proceso de vida – nuestro último aliento en este mundo, muchas de las veces, no lo decidimos nosotros, ya que escapa de nuestras manos, en el intenso  ir y venir de diario. Sin embargo,  esta  alusión equivocada,  destructiva y falaz, prácticamente esta  errada, ya que permanece como una semi–verdad absoluta, de lo que el vivir se trata,  para una “sana”  convergencia en el ámbito social.

La postura del honor infranqueable, del enfoque japonés, es sumamente opuesto, al de la gente de occidente o de otros países;  lo vemos como una desacreditación al sacrificio y a la cultura déspota del sufrimiento, impuesta por pueblos conquistadores.

El film de terror, The Forest, nos cuenta sobre un lugar peculiar, en la esfera nipona, el bosque de Aokigahara o bosque de los suicidios; además de tratar otros temas, sin que nos demos cuenta y por debajo de la mesa, alude que el suicidio, es una desaprobación actual de la sociedad moderna. En sí mismo,  el suicidio lleva tristeza,  pero también sobrelleva  una enorme y desvalorada cantidad de humanismo, que pocos pueden percibirlo. En la decisión propia, quizá radique la belleza de su padecer.

Hace ya algún tiempo,  asistí a una conferencia  sobre el suicidio en los jóvenes, también enumeraron  causas, e hicieron mención sobre que genero es más propenso en cuestión – en fría estadística –  los hombres encabezaban el registro.  Ese mismo día más tarde, comenté el tema, tanto con la persona que me acompaño, como con otro grupo que no asistió a la plática;  estos últimos, tomaron el concepto  como una ofensa a la vida y a la sociedad, les parecía ridículo que se quitaran la vida por causas vanas o  complejas. ¿Pero quiénes somos para juzgar su decisión?

No me opongo a la premeditada acción, de quien suspender la existencia; podría creerse, tal vez, que aquellos que están a favor, hayan sido suicidas potenciales, que de alguna forma erraron, o sobrevivieron, o tal vez no quisieron hacerlo, no por sus familias, no por fallarle al mundo como ser humano, creo que solo quisieron vivir un poco más, no porque fueran a terminar parte de su vida, sobre el mar rojo de sus aflicciones, o estrangulados por una angustia inadmisible, o durmiendo una siesta que en apariencia los sacara un instante de la humillación de vivir en un mundo tan burdo.  De alguna forma muertos ya estamos… ¿podría ser peor,  lo que hay detrás del velo?

http://mx.blastingnews.com/ocio-cultura/2016/03/la-necesidad-de-un-antiheroe-deadpool-00808551.html

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