¿La realidad supera la ficción? Lo hago a modo de pregunta, porque en la periferia del mundo “normal” tendemos a sacar actitudes negativas, tanto como positivas, que nos llevan a representar papeles en la vida diaria. El costo, para nadar en las lagunas del subconsciente  humano, podría ser muy alto, demasiado,  para llevar a la realidad, algo meramente sacado de la  fantasía. Hace unos días anteriores a la premiación del Oscar, entre memes y críticas a las películas nominadas; recordé la increíble interpretación de Heath Ledger (Batman - The Dark Knight) recreando al  guasón,  esta actuación reclamó – tal vez – su  vida. Nos quedaremos con la duda de saber,  si este papel que lo lanzo a la posteridad, fue causa aparente de una resolución tomada por  él mismo.

 

¿De dónde viene este empeño del actor, por transfigurar lo inmaterial, lo invisible, a la realidad? El Método creado por Stanislavsky – actor, empresario teatral y director – fue  tomado por actores extraordinarios, que mantuvieron a cierta oscuridad individual,  aparentemente a raya,  entre ellos: Orson Wells, Marlon Brando, Anthony Hopkins;  y otros, un tanto más actuales, Christian Bale, Adrien Brody, Shia LaBeouf y la lista continua.

La primicia sobre la que se basa el Método,  pone de manifiesto todas aquellas emociones del actor – de los propios rasgos emocionales – para lograr convencer al auditorio, de manera trascendental. La raíz de todo este bagaje emocional, tiende a satisfacer la expectativa interpretativa del actor, pero ¿qué pasa cuando el personaje toma conciencia,  dentro de la mente y la capacidad cognitiva del intérprete? No estamos hablando de alguna patología mental, sino que, las emociones más bajas del ser humano, son puestas a prueba entre esta realidad y la suspensión de la cuarta pared; ahí entramos en materia de humanidad, al reflexionar ¿qué tanto el actor pone en riesgo, al traer a su yo, a la intrincada vida diaria?

 

Leonardo ganó el Oscar, pese a quien le pese, por mérito propio, al  interpretar parte infranqueable de la naturaleza humana. Esperemos que realzar estos achaques malos, tanto como los buenos en la pantalla, no lleve al límite al actor,  en cuestión de hazañas psicológicamente hablando, para degenerar en una vida perdida entre ambas. Queremos seguir asombrándonos, con el genio imaginativo,  y la correlación armónica – emocional, personaje –  interprete, en el más estricto sentido humano. Sin ser por eso una pantomima, de una imitación barata, de lo que representa la vida, en todas sus formas. #Cine #Premios Oscar #Redes Sociales