De los archivos del año pasado tenemos un ejemplo muy conocido y gráfico: cuando Oriana Marzoli y Tony Spina, dos personajes que se enfrentaron en el programa “Amor a prueba”, vuelven a verse en ¿Volverías con tu ex?. Con él seguimos sintiendo la identificación con los arquetipos que describen los clichés del discurso misógino, que tanto nos encanta criticar y devorar como consumidores de nuestros propios defectos. No pretendo poner en tela de juicio ni a los personajes, ficticios o reales, ni al programa, al contrario, ésto es una llamada a la reflexión.

El tipo de maltrato que sufre, en este caso Tony Spina, por parte de su compañera, nos debería hacer reflexionar: el fin no justifica los medios, en ninguno de los géneros. Antes se creía que el machismo era sólo cosa de hombres, fue hasta hace poco que se ha considerado que también tenemos responsabilidad como mujeres, directa o indirectamente, al permitirlo, justificarlo y heredarlo a futuras generaciones.Ninguna circunstancia personal excusa o ampara el comportamiento tan reprochable que prolifera en este tipo de formatos. Sin embargo, en los tiempos en los que andamos la violencia protagonizada por una mujer aún la ignoramos, pareciera que no somos capaces de identificar el maltrato de género porque “se supone que los hombres son de talante fuerte y las mujeres nos ponemos histéricas”. He visto alguna de estas  muestras más gráfica de que el machismo efectivamente nace en nuestras entrañas más primitivas.

El hecho de que consumamos productos de este tipo tampoco nos debe hacer cómplices de la violencia de género (sea cual sea), motivo por el cual cabe replantearse comportamientos mínimamente cercanos al de Oriana, que hemos visto repetirse a lo largo del reality ¿Volverías con tu ex?. Los enfrentamientos están basados en excusas machistas como el sentido de pertenencia de una persona, justificando el egoísmo con los celos y confundiendo la pasión con la posesión. ¿Qué pasaría si cuando Oriana insulta y reprocha a Tony se invirtieran los géneros?. Quedaría más claro que Tony, por su fuerza y masculinidad, sería un maltratador. Quizás esta misma reflexión hubiera adquirido un tono más vehemente porque las consecuencias hubieran sido más contundentes y serían peor sentenciadas.

El caso es que si aplicamos la igualdad, que sea real: proteger a ambos sexos de la violencia y el abuso de poder, pues esas son las raíces del verdadero feminismo. Es natural y al mismo tiempo resulta útil vernos reflejados en los sentimientos o las reacciones de los demás, también es bastante sano, entonces utilicemos estos recursos mediáticos a nuestro beneficio. Si somos consumidores de estos contenidos televisivos, tenemos que hacer despertar nuestra conciencia cuando vemos una situación que nos incomodaría presenciar. No vendría mal alimentar nuestra empatía, espíritu y entendimiento con un poco de sentido común. #Televisión #Derechos Humanos