Hará un mes que a mi portal llamó la voz de México. Al abrir nada me preparó para la alegría de haber sido seleccionado para formar parte de las mesa encargada de recibir, administrar y contar los votos el día de la elección.

Inmediatamente el servidor público me convenció con una plática; es decir que el Instituto Nacional Electoral entró hasta la cocina y se sentó conmigo en las mismas sillas donde se sentaron alguna vez mis amigos. 

Uno piensa: si desde el Siglo V se hablaba de la posibilidad de un #Gobierno en el cual habría consenso, ello no hace sombra a la evolución histórica que hubo del concepto evangelizador de la democracia; especialmente ahora en la época de la tele comunicación.

Es interesante el modo como esta planeado sellar las letras que irán escritas en una nueva constitución. Respondemos al llamado a decidir quién y como formulará las iniciativas acerca de una nueva entidad que viene de un cambio legal en el régimen de nuestra urbe que pasó de ser Distrito Federal a CDMX. 

Poco se habla de la importancia cívica en todo esto y uno no se compromete a saber más porque no resultan estas acciones de alfabetización la cura para los actos corruptos de nuestros gobernantes no ajenos al deterioro en la calidad de vida de la metrópolis. 

No será fácil resolver las problemáticas ideológicas, comento, ni convencer sobre una democracia que trata de hacer retro activa la modernidad, cuando hoy tomamos consciencia de que no habrá más ríos y recursos ambientales para saciar el crecimiento de la economía.

Esto no ha de lograrse impulsando la ignorancia y mediante la consecuente explosión demográfica. Por lo menos en esta ciudad, aunque uno argumentaría que es lo mismo en México y el mundo, la población de la tierra no debe superar el equilibrio con la cantidad de  hombres que pueden vivir en ella.

Por supuesto es preferible tener la democracia del Siglo XXI, con todo el peso de la burrocracia que representa, a una guerra fratricida cuyo fin fuera poner a prueba a los hijos del Siglo XX al tiempo que liberar a una nueva generación del lastre espeso en la corrupción tradicional.

La persona que me capacita me entrega un fabuloso dúo didáctico. Imaginen cuántos de ellos se imprimen a nivel nacional para que todos sepamos el Credo. Somos tan refinados y tan elegantes que se hace un nombramiento y para colmo un simulacro a modo de que cale a fondo como deben hacerse las cosas y no incurrir en un delito electoral.

Aunque no todos estamos empadronados, ni tampoco votaron todos quiénes si, el sistema paga la impresión de todo este papelaje y cada enser en los que se basa nuestra democracia. Debemos creer como un acto de fe, lo mismo que acerca de los tres poderes de la unión y las instituciones vigentes.

En esta ocasión, este enorme gasto se realiza con tal de que decidamos entre una oferta de 21 fórmulas independientes mas aparte los partidos tradicionales. Se añaden también partidos de los que no se sabe mucho, como nuevas adiciones a esta nómina de la democracia política (como el partido del ex presidente legítimo de México).

Debemos creer en todo esto aunque sea evidente que no hubo campañas y si se manejó alguna información, ella no caló a las redes sociales mas que en el sentido de hacer bromas acerca de un elefante blanco que seguimos cabalgando en medio de la crisis interminable y la irreparable pérdida del sentido lógico.

No se puede crecer más. Y sin embargo todos sabemos que la caja del Estado necesita solventar su raya y los hijos de los hijos pronto serán potenciales papás de seres que nacerán para vivir otros retos más al límite. 

Estamos fríos pues no hay contundencia en nada de lo que sigue cuando quien haya ganado, aún si se uniera, sólo representa el 40% de la decisión a la hora de ponerle comas y puntos a ideas que deben redactarse.

Nos preocupa seguir escuchando y viviendo un caos provocado no por la legislación, si no por la máscara que permite intereses burdos como el enriquecimiento y el control corporativo.  #Educación #Crónica Ciudad de México