En el enorme abanico de la  diversificación social, los tabús, y algunos tipos de comportamientos, donde trasciende el aspecto y códigos de vestimenta, las tribus urbanas – que siguen creciendo exponencialmente, rozando en lo llamativo de una “moda” – no son el gran problema cuando se aplica  el dicho “caras vemos corazones no sabemos”. En este artículo hablaremos de una de las modificaciones corporales, que ha tenido un poco más de aceptación en la actualidad.  Esta apertura positiva hacia el #piercing o el tatuaje, ha tenido mucho que ver con el bombardeo de los medios; sobre todo en internet, donde podremos encontrar una quote, que reza –  un tatuaje no te hace delincuente como una corbata no te vuelve decente – .

 

A este tipo de reacciones afables,  se suma una campaña que seguro muchos de nuestros lectores, ya habrán visto en las redes sociales y navegando por Internet, #LasAparienciasEngañan; esta campaña desarrollada por Oscar Quetglas (fotógrafo español) lleva este tema “tabú” –  aun en nuestros días –  a la mesa de discusión, además de proyectarlo  no como un problema social, sino como parte de la identidad del individuo.

 

A pesar de la ola de información, documentación y registro, donde se habla con anterioridad, de la modificación corporal como el piercing – siendo esta una práctica usual  en otras culturas en muchas partes del globo –  todavía se tiene la idea, de que está mal visto traerlo como parte dela indumentaria,  o sumarlo como fracción paralela a la sociedad actual.

 

Las diferentes culturas del mundo – a veces desconocidas por las sociedades occidentalizadas – son la cuna de esta práctica, la perforación, como rito o señal de pertenencia a una u otra tribu, o a veces para indicar que una persona es madura, como iniciación hacia la vida adulta. Dicha práctica difiere de las actuales, donde un perforado se coloca normalmente por cuestión de estética,  o bien para identificarse con alguna de las tribus urbanas.

 

La sombra del rechazo se ha proyectado en la culturalidad, donde la hegemonía de lo “normal” ha tendido la trampa socioeconómica, relegando a estos grupos urbanos – de forma semejante – como lo harían también,  con personas de etnias, tribus indígenas o aborígenes. Los esquimales (labrets) las tribus mursi, masai, además de la tribu Sioux y nuestros antepasados los mayas – por mencionar algunos – están emparentados con la síntesis de lo que hoy en día muchas personas, jóvenes y  adultos,  tratan de recuperar y mantener a través de tradiciones – costumbres, en otros casos por consecuencia de la novedad, gusto o manía.

 Lo que es un hecho – desgraciadamente – es que la actividad de la perforación está profundamente arraigada, a estereotipos y a  patrones de menosprecio y exclusión, tal y como lo hacen en la actualidad las sociedades más poderosas del mundo, a pesar de estos choques negativos –  culturalmente hablando –   los indígenas y otras comunidades donde siguen fieles a sus tradiciones y no se suman al engranaje masivo del dominio americano.

 

La modificación corporal es el grito vivo y ferviente de muchas razas y culturas, sin embargo el modificarnos a nosotros mismos, abriendo nuestros corazones a las diferencias es lo que más cuesta trabajo, porque la punzada más fuerte en el alma, es una nuestra relación como seres humanos, donde todos sangramos, quizá no lo mismo, pero somos parte de la enorme herida de sentirnos vivos cada día. #Derechos #culturaurbana