Héroes, ahora están en todas partes, en la publicidad, en los libros, en las películas y en el anime. Estamos saturados de héroes, pero, ¿por qué? Porque somos una raza que depende de la heroicidad para sobrevivir, para vivir más tranquilos, para sentir cierta felicidad y para poder sumergirse en sus irrealidades.

Hay héroes en las telenovelas, en donde el apuesto caballero salva a la mucama y la transforma de gusano a mariposa. Los héroes están allí, en la cotidianidad; en las conversaciones sobre como Ant-Man derrotó a un Vengador, en los nuevos estrenos que se aproximan en el cine de cartelera, en las canciones que hablan sobre los actos heroicos de uno u otro bando.

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Existe la heroicidad desde las primeras mitologías; nórdicos y griegos y romanos, creando cada uno de ellos un universo de superpoderosos que salvarían al hombre de sus errores. Las características de los héroes son las debilidades de la raza: inmortalidad, fuerza extrema, volar, velocidad… Los creamos como una necesidad latente de transmitir nuestros miedos de mortalidad, nuestro temor a lo desconocido, a la misma muerte.

Incluso Jesucristo, analizado como un héroe, más que como un mártir. Sacrificó todo por la humanidad (suena parecido a la heroicidad de Bruce Willis en “Armagedon”), su cuerpo fue vulnerado y al final fue asesinado. Sin embargo, él no era como nosotros, él era inmortal, resucitó y voló, mostrando las debilidades nuestras como fortalezas de un tercero. Multiplicaba la comida y caminaba sobre el agua pero su mayor poder era político, su discurso era muy poderoso y ha ido evolucionando y adaptándose a través de muchos nuevos mesías o mensajeros que transmiten el “mensaje”.

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Ese mensaje que nos tranquiliza mientras estamos vivos, ese mensaje que nos hace vivir en nuestra propia burbuja, en la que los héroes existen más allá del imaginario artístico, existen en una realidad alterna en la que ocurren milagros y en la que, tras esta vida, habrá otra mejor.

Yo prefiero al superhéroe de película, al inmortal, como Deadpool. Un superhéroe que no necesita tantos días para revivir y que puede recuperarse de sus heridas. Jesús aún tiene los huecos de los clavos en sus manos. Además, la certeza de la heroicidad imaginaria, es que se acaba al terminar el libro, la serie o la película que estemos viendo; no hay más promesas que pura diversión y entretenimiento, sin futuros distantes en los que podrás inmortalizarte, ni personajes que te perdonen lo malo y te premien lo bueno. Irrealidades que se desvanecen inmediatamente. #opinión #Tendencias #Redes Sociales