Donald #Trump inauguró su primer día en plenas funciones como presidente de los Estados Unidos con dos anuncios muy polémicos, como ha sido su estilo personal desde que se destapó como pre-candidato republicano. Por un lado, dio un duro revés al feminismo contemporáneo al dejar sin fondos federales a cualquier asociación civil que de información sobre el aborto como método para la planificación familiar o que realice dicho procedimiento médico. Por el otro, el mandatario estadounidense le dijo adiós al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica o #TPP por sus siglas en inglés.

De acuerdo con analistas como Carrie Gracie, el #TPP fue promovido por Estados Unidos en la administración Obama como una forma de proteger los intereses norteamericanos en el sudeste asiático, principalmente frente a la hegemonía económica #China que desde la década de los años 80 del siglo XX ha venido a incrementar su influencia.

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Dentro de su estrategia global, el TPP fue uno de los acuerdos más importantes para el ex presidente Obama. No sólo fue visto como una forma de restarle importancia económica a China, sino también como un arma ideológica y geopolítica. Como es bien sabido por los teóricos de las relaciones internacionales, la construcción, o el mantenimiento de la hegemonía requieren siempre de una política exterior equilibrada entre dos polos: por una parte se debe incrementar el poder económico y militar y, por la otra, es necesario promover los valores y la cultura del Estado para generar poder a partir del consenso y la confianza, es lo que se conoce en relaciones internacionales como "poder inteligente" (smart power).

La administración de Barack Obama se caracterizó justo por implementar una política exterior de "poder inteligente".

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De acuerdo con esta visión de "poder inteligente", la ausencia de #China en el acuerdo no era una sorpresa, pues el objetivo principal del tratado era incrementar la influencia comercial y cultural de Estados Unidos en el sudeste asiático, lo que a su vez permitiría mantener por varias décadas más la hegemonía global estadounidense. Tampoco es una sorpresa que Obama haya puesto tanto empreño en promover dicho acuerdo y casi obligar a varios Estados a firmarlo, ya que, incluso para muchos sindicatos dentro de los Estados Unidos, el mismo era un tratado desigual que perjudicaría la mano de obra nacional a favor de la masiva mano de obra semi esclava de varios de los países signatarios. Sin embargo, pese a todas las críticas, el acuerdo se firmó.

China dista mucho aún de ser una potencia global, la mayoría de los analistas ven a China como una potencia más bien regional, incluso la propia China se describe a sí misma como una potencia naciente con miras económicas mas no imperiales. No obstante, el énfasis de la administración Obama en el TPP se debió a un hecho innegable: la Cuenca del Pacífico y el Sudeste Asiático representan más o menos 1/3 de la economía global, por lo tanto, ¿si China se mantiene en la Cuenca del pacífico, sin presencia real de Estados Unidos, quién garantiza que no pasará de ser una hegemonía regional a una hegemonía global?

#Trump entró a la Casa Blanca con un discurso francamente anti-chino, sin embargo aún no queda del todo claro cómo su estrategia aislacionista permitirá que Estados Unidos continúe como líder global.

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Es difícil saber con certeza cuando un Estado está en decadencia y hay un cambio hegemónico internacional, no obstante, son pequeñas acciones lo que lo llevan a tal.