Esta mañana encendí mi computadora –como todos los días– para checar mis correos y también para ver las noticias del diario. La cafetera dejaba una neblina invisible, del aroma estrambótico del café. Las primeras oleadas informativas llegaron hasta mí, pasadas las diez de la mañana, revisé la página de inicio y me encontré con el encabezado sobre el tiroteo. Leí la noticia escasa con avidez, un extraño malestar se me subió a la cabeza cuando observe el link del vídeo sobre los hechos, hice clic en la liga y no pude contener un temblor repentino, esos que sacuden el alma y que solo el individuo por sí mismo, de su propia interpretación de terror –aunque esta sea por el ojo de una cámara–.

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Los labios exhalaron un entrecortado Dios mío, tan bajo, que este se sumó en una plegaria y asombro mundial.

Las imágenes del adolescente, trajeron a mi memoria la Masacre de Columbine, los comentarios que he leído de tantas personas con depresión y su lucha constante hacia esa parte de sí mismos, esa que no deja dormir, que los sacude con violencia hasta los últimos fragmentos del espíritu. Mi pensamiento compagino todo, dejando como desenlace un paralelismo con nuestro vecino –EE.UU.– en donde estos sucesos parecen contados a la Hollywood.

Al mirar la trama de alguna película extranjera, jamás nos imaginamos que esos demonios que se representan en un espejo satírico, puedan llegar a traspasar el umbral de nuestra realidad, apagamos el televisor o simplemente vemos como la cortina de créditos suben a lo alto de la pantalla, para decirnos que la historia –basada o no basada en la realidad– ha desaparecido en el silencio de la sala y ahí quedo todo.

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Las piezas de estas circunstancias serán puestas por separado -tragedia, un joven con problemas, lágrimas, miedo– nuestra conciencia tratara de no olvidar, para darle sentido a los rezagos de violencia que quedan con tristeza en nuestras memorias.

Mañana es otro día, otro capítulo se reescribe y se deja abierto para la historia, como huella indeleble del alma humana, como balas perdidas entre nuestro pesar y nuestras reflexiones ante esta tragedia, solo nos queda estar atentos con el corazón en la mano detrás de la trinchera. #Monterrey #Escuela #México