Iniciamos el año con el #Gasolinazo, los saqueadores, el trumpismo y la caída del peso. En mi mente, además, se suman el asalto a la tienda familiar, el robo a un buen amigo y la inestabilidad de mi empleo. Para colmo, se muere el filosofo y sociólogo Zygmunt Bauman quien en un tono más bien pesimista opinaba que la #modernidad líquida es ese estado de incertidumbre que nos ha traído la lucha por la libertad y que ahora se traduce en una inestabilidad en todos los sentidos (¿Por qué ahora se reviven sus textos con el poder absoluto de su muerte?).

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En ese estado de fragilidad existencial me topo en la calle con mi amiga la "gurú" quien afirma con toda certeza, que lo que uno piensa es lo que construye.

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Lo reconozco, tengo miedo del miedo y lo único que se me ocurre es salir a correr para bajar los kilos, los malos pensamientos y los temores acumulados, no vaya a ser que la Gurú tenga razón y ahora si la cosa se pondrá fea.

Por otro lado, la gente positiva opina que tú tienes el poder, tú puedes construir tu futuro y llena de mensajes mis redes sociales, como si ser positivo ayudara en algo, tal vez si; y agradeciendo esos mensajes estoy cuando me detengo junto al banco para descubrir que el peso ya está en 22 por uno porque no se quién no se dónde y no se por qué dijo no se qué. No somos nada.

"La pérdida de sentido de la comunidad en un mundo individualista", recuerdo haber leído esa frase de Bauman en la facultad y no haber entendido el significado. Y continúa: "El conflicto ya no es entre clases, sino de cada uno con la sociedad".

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Bauman decía que la crisis de la democracia ( si, esa que vemos ahora hasta en el país vecino) es el colapso de la #confianza. Ahora si me hace sentido: estamos solos, desorientados y desconfiados; como paliativo: las redes sociales y el aislamiento real. Y luego...

Pues si soy mexicano y soy ciudadano de la modernidad líquida pero también puedo elegir creer en los demás, en mi trabajo y en mí mismo. Puedo elegir, a pesar del sentido de lejanía con todo lo que sucede hoy en mi país, buscar los modos de pertenecer, participar, transformar. Es cierto, tal vez yo no pueda cambiar mucho, pero puedo influir en los que están cerca y esto hará que me sienta más tranquila, que pueda trabajar y vivir mejor, que disfrute cada día y de paso, tal vez, que se vaya haciendo una conciencia activa para restaurar la confianza y por supuesto la confiabilidad.

Nuestro gobierno no es confiable y nuestros vecinos tampoco. Como una coincidencia más, justo, cuando estoy en medio de todas estas reflexiones tan profundas, llega Fido, se tira a mi lado sin pedir nada a cambio.

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En él confío, ahora lo sé. Tal vez por eso los perros se han ganado en estos últimos años un status socio cultural impensable hace unos años entonces me acurruco junto a él y pienso que necesitamos confiar unos en otros y no encerrarnos en la seguridad de las redes, las mascotas y el aislamiento. Sal de ahí y elige a alguien, solo confía, solo por hoy.