A la una de la tarde del día de hoy, muchos mexicanos esperábamos la transmisión de algún canal de noticias para escuchar qué diría #DonaldTrump del muro, símbolo de su campaña presidencial. La noticia, como era de esperarse, fue un sí al muro. Firmó una nueva orden ejecutiva para acelerar la construcción de una barrera física en la frontera sur, además, otra orden, para retirar fondos federales a las llamadas ciudades santuario, entre las que se encuentra Washington D.C., actual lugar de residencia del empresario-presidente.

Ahí estaba Donald Trump, de pié, respaldado por agentes de seguridad y la bandera de los Estados Unidos.

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En México, miles temblamos. A pesar de que ⅔ partes del muro ya existen, el muro de Trump, no sólo tiene un significado físico, sino también simbólico y psicológico. Significa que en el mundo existen seres humanos de primer nivel y seres humanos de segundo y tercer nivel. Además, ellos, los “verdaderos” estadounidenses, según Trump, han sido bendecidos por Dios.

Sentí temor por todos los mexicanos, centroamericanos, musulmanes, africanos, asiáticos, la comunidad LGBTTTI y un largo etcétera; por todos aquellos que no son blancos. También me asusté, por no tener un presidente que defienda a los suyos, que es sumiso y cómplice de los designios de una persona que no ha hecho más que humillar a los mexicanos.

Después de esto, se preguntarán, ¿por qué escribo este artículo? Hay miles de artículos informándonos los pasos de Trump, pero muy pocos que den algún tipo de consuelo.

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Por supuesto, este no es lo uno ni lo otro, lo único que les puedo ofrecer en estas líneas, es que sepan que soy un más que tiembla, que le dan ganas de llorar con las acciones de Trump y las inacciones u acciones endebles de Enrique Peña Nieto, que está preocupada por lo que vendrá.

No estamos solos, somos muchos, más que ellos, los que pensamos diferente; los que creemos que puede existir un México digno, con una política exterior respetable, como alguna vez la tuvo; que estamos orgullosos de nuestra comida, nuestras costumbres y nuestra gente; y que también nos enorgullecemos de las luchas que con dignidad se dan en otros rincones del mundo.

Si están temblando, no tiemblan solos, yo tiemblo con ustedes. A ver si así, de temblor en temblor, cuerpo con cuerpo, sale un grito que diga: ¡No pasarás, Trump! #ciudadessantuario