A principio de los ochenta,la juventud, como ahora, vivía bajo la protegida del Estado. Buscaba aplicarse como desde 100 años antes, que por mandato la sociedad habría de financiar el derecho de cualquier niño a una formación elemental como base para enfrentar el mundo.

Hasta antes en la historia no era rigurosamente así. Muchos niños acabarían una década más tarde en la Secundaria antes de resignarse. Estimamos que millones no habrán de seguir con educación continua porque al final la escuela más difícil se plantea sobre lo cimientos del materialismo/esclavitud.

Hace 100 años habría sido impensable que toda la población leyera y escribiera. Hoy, aunque sean las instancias de Cultura y la Educación las que menos recursos acreditan en el presupuesto, no deja de celebrarse el gran abrazo del Estado cuyas acciones sin precedentes nos permiten avanzar en la aplicación de nuestros valores.

Parte de la fe republicana nos guía a este empeño por educarnos. A muchos no les hace falta; estimamos sin embargo, una generación futura que tendrá a su disposición mucho mayores medios para actualizarse y participar promoviendo distintas maneras de relacionarnos con el conocimiento.

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En aquel entonces cuando ascender a la Escuela Campestre era ir por despoblado, se pusieron las primeras piedras de la Universidad Iberoamericana. ¿Quién diría que tantos años más tarde volvería? Santa Fe es uno de los puntos que sigue metamorfoseando el paisaje dejando agujeros y dimensiones inquietantes.

Fuimos de visita para integrarnos al furor del Posgrado. Esta institución publica una fina revista dando cupo a todas las floraciones en todos los programas. Desde la Antropología Social, hasta la Bioquímica y otras ciencias e ingenierías. Gracias a su excelencia, el CONACYT hace su parte para quien quiere consolidarse.

En la explanada frente al Auditorio Villaseñor nos reconforta un plantel muy embellecido por nuevos edificios en un proyecto guiado por la armonía. Se siente el efecto Jesuita y los muchos buenos resultados en cada stand.

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No fue difícil hablar con algunas autoridades acerca de los procesos... y bueno, la colegiatura no deja de sorprendernos.

Estamos inspirados por tantos departamentos con tantas alternativas. En Comunicación, como en Arte e Historia nos hablaron con paciencia y aclaramos algunas dudas. No es improbable que se abra un Doctorado en Historia del Arte y al fondo queda la tentación de hacer frente a la Filosofía.

Caminamos un poco hasta la Galería Andrea Pozzo. Se ha emplazado en toda la sala el trabajo de Manuel Felguérez de tal modo que es fácil reconocer su talento. Es necesario salir del contexto lineal para ir observando puntos de vista acerca de las etapas estéticas que van de la pintura abstracta a la escultura. Manuel aporta unas entrevistas con la finalidad de expandir la percepción de nuestras emociones. Los espacios conviven con un par de pinturas clásicas con técnica y temas antiguos.

Llevamos un recuerdo amable con pinturas que deben cotizar muy por encima de lo convencional. El regreso a Chapultepec no fue sencillo. Salir de Santa Fe, impone un sacrificio, si bien comienza a construirse un tren para unir Toluca y con la metrópolis.

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Hay rascacielos y plazas comerciales por doquier. Agota el ritmo del paso vehicular un puente que cruza hasta Reforma o bien devuelve a la carretera tradicional. También baja pletórico un camino que pasa por el pueblo y sigue a Tacubaya. Todo saturado. No hay una ruta más poética, ni chance para la bicicleta. #turismo cultural #uia santa fé #Crónica Ciudad de México