La ciudad, joyita de la modernidad en su máxima expresión, encarna el trabajo, la organización, la ingeniería humana, apelando no solo a la ciencia sino al carácter creativo del ingenio como especie, la ciudad representa el anhelo utópico y los espacios que la configuran resultando no sólo en forma material sino en lo subjetivo e ideológico en el que se producen y reproducen los ideales urbanos a alcanzar.

La ciudad, instrumento de dominación, es una variante indispensable a la hora de analizar la cuestión urbana, teniendo en cuenta la instrumentalización de espacios para los beneficios del capital, es cuestión de ponernos a analizar el discurso desarrollista de los gobiernos locales de cualquier centro urbano, los cuales van acompañados de conceptos clave como:

  • Desarrollo económico.
  • Crecimiento económico.
  • Progreso.
  • Atracción de inversión extranjera.

Para darnos cuenta de que los programas de desarrollo urbano van enfocados a la variante del dinamismo económico, corporativo e individualista, omitiendo la potencialidad de la edificación e imaginación de la ciudad a manera de la culminación artística como totalidad social.

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“En El arte y la revolución, Wagner regresa a la tragedia de la Atenas clásica para enraizar en la historia su visión de arte futuro. Afirma que las tragedias de Esquilo y de Sófocles eran en realidad obra de la ciudad: en ellas, la nación ateniense entera ha admirado su propio impulso creador. (El gran arte es creación de la colectividad.) En ellas, todas las artes han contribuido al triunfo del arte. Es en ellas también donde se ha alcanzado la perfección. En el porvenir, el arte será de nuevo obra de colectividad.” (A. Reszler)

Las obras públicas que potencian a #Puebla hoy como un nodo de atracción económica en el sector turístico, inmobiliario e industrial, amenazan con el arrebato y despojo de la gestión de los espacios urbanos, mediante políticas públicas que benefician intereses particulares en contradicción a los ideales colectivos de participación en la urbe artística.

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Los espacios se van alineando a modelos empresariales que apuntalan los procesos del capital como primordiales, en donde el sentido político, subjetivo y material del neoliberalismo son los artífices finales de la ciudad que dan como producto la individualización e instrumentalización de la cotidianidad angelopolitana. Una ciudad en donde los ciudadanos no pueden estar, abarrotadas planchas asfaltadas y flujos de la producción a tope, aunado a la digitalización de las relaciones sociales, han hecho de los paisajes, ciudades inertes sin ningún atributo estético más que el de la parafernalia tecnológica.

“Con frecuencia, las cosas que tienen el mayor valor en uso poseen un pequeño o nulo valor en cambio; por el contrario, aquellas cosas que tienen el mayor valor en cambio poseen un pequeño o nulo valor en uso.” (A. Smith)

Con base en ello es que resulta la exigencia de romper con procesos individualistas de la ciudad del capital, recuperando la concepción de valor de uso sobre valor de cambio, desde acciones como el pedaleo obrero, rompiendo la lógica en movilidad, las pintas (graffiti) que adornan los muros, comunican y confrontan a la autoridad, un simple paseo por el parque, hasta los okupas que retoman el valor de uso del equipamiento e infraestructura urbana y resignifican los mismos a partir de colectividades que re piensan los espacios de manera artística, siendo esta la mayor potencialidad de resistencia.

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#laciudadcomoarte