En un evento en el que el jefe de Estado en turno tradicionalmente delinea las prioridades de su gobierno para el resto del año, Donald #Trump dio su primer discurso ante el #Congreso norteamericano el pasado 28 de febrero. Y el millonario, que desde el inicio de su campaña mostró su poca ortodoxia y un distanciamiento evidente de los usos y costumbres tradicionales de la política, sorprendió a todos con un mensaje mesurado y ecuánime. Sin renunciar a los polémicos temas que ha impulsado desde su campaña y en las primeras semanas de su gobierno (construcción de un muro fronterizo con México, prohibición de entrada a musulmanes, deportación masiva de inmigrantes), por primera vez los presentó sin aspavientos o provocaciones.

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Con estilo “presidencial”, como lo califican muchos analistas que hubieran esperado un mensaje similar en su toma de posesión. Incluso CNN, una de las cadenas de noticias más críticas y que más han sido atacadas por el mandatario, reporta una aprobación del 78% a su mensaje.

Este discurso marca un importante viraje en la estrategia de comunicación de la Casa Blanca, que ha sufrido un desgaste sin precedentes en poco menos de seis semanas desde su toma de posesión. Según Gallup, el mismo 28 de febrero el presidente contaba con una desaprobación del 52% de la población estadounidense, y evidentemente esto no ha pasado desapercibido por su equipo que al parecer ha podido “domarlo” para cuidar su imagen. Ya no amanecemos esperando los incendiarios twits del mandatario. Por primera vez en 36 años, el Presidente no acudió a la cena de corresponsales de la Casa Blanca, evitando alimentar nuevas tensiones con un gremio al que ha denostado sin cesar.

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Trump ha tenido que aprender a la mala, viéndose obligado a cambiar sus formas para no involucrarse en demasiados frentes de batalla de forma simultánea. Al parecer le está funcionando, pero falta ver si no es demasiado tarde.

El 13 de febrero Michael Flynn, Consejero de Seguridad Nacional del presidente Trump, renunció a su puesto tras aceptar haber mantenido comunicaciones ilegales con el embajador ruso en los #Estados Unidos Serguéi Kislyak. Este incidente desató el inicio de una investigación respecto a la influencia e incluso manipulación de las elecciones norteamericanas por parte del gobierno de Vladimir Putin, la cual fue asignada al recientemente confirmado Fiscal General Jeff Sessions. Pero esta misma semana el Departamento de Justicia reveló que este mismo personaje mantuvo conversaciones con el embajador de Rusia durante la campaña del actual presidente. Ya algunos legisladores republicanos exigen que Sessions deje la mencionada investigación por conflicto de intereses, y muchas voces exigen su remoción como fiscal por perjurio, pues en sus audiencias de confirmación el fiscal general negó haber tenido contacto con funcionarios de Moscú.

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Y cada vez parece menos creíble que el mismo Trump no estuviera al menos enterado de dichas comunicaciones, si no es que las aprobó o promovió. De confirmarse, esto pondría a su administración al borde de un juicio político que podría terminar removiéndolo del cargo.

La administración Trump empezó con una actitud prepotente y desdeñosa, dispuesta a manipular la información a su antojo e imponer su visión a como diera lugar. La personalidad voluntariosa y desprecio por el statu quo del millonario lo volvieron un héroe entre sus votantes. Hasta ahora su equipo y las mayorías republicanas en el congreso lo han arropado y le han ayudado a corregir el rumbo cuando ha hecho falta, pero si la mencionada investigación sigue avanzando en dirección a él es posible que su mandato haya nacido herido de muerte desde la campaña.