Hace un par de semanas atrás, un grupo de mujeres de la oligarquía mexicana priísta dio una conferencia de prensa para manifestarse contra la candidata a la gobernatura del Estado de México Delfina Gómez. Esta rueda de prensa fue un acto plenamente misógino, porque negaba uno de los puntos de toda agenda feminista: la sororidad entre mujeres.

Ese día varias mujeres cometieron un acto que podríamos llamar bullying político. En cambio, hoy 23 de abril en el municipio de Huixquilucán, el pueblo le demostró a ese grupo de mujeres, que si bien el feminismo no tiene preferencias políticas, los partidos sí deben ser feministas, promover la unión, la equidad, la sororidad y la participación de todas la mujeres.

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Hoy #Delfina se reunión con varias organizaciones feministas del Estado de México y con cientos de mujeres militantes de #Morena.

Yo fui como invitada, como una observadora para confirmar cómo es la nueva política que propone dicho partido. Primero, me sorprendió que varias militantes hablaban de su participación al modo de una forma de vida, Magdalena, una bella mujer de 63 años dijo: "Vengo porque sólo gracias a Morena, he recuperado la esperanza en la democracia", mientras esperábamos la llegada de la maestra, nadie regaló tortas, ni refrescos; en cambio varias militantes se organizaban y cooperaban para sus aguas, sus alimentos, compartían de sus propios bolsillos. Un par de hermanas cuyo nombre no quiero recordar afirmaron: "Los diputados de Morena podrían bajar recursos para los militantes, pero no queremos que lo hagan, queremos ser la diferencia, venimos por convicción, no por dinero o tortas", se rieron.

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Acudí a entrevistar a varios de los grupos de mujeres, algunas venían de Amecameca, Tecamac, Toluca, Tenango del Valle, etc. En todos los grupos era el mismo sentir, unas señoritas dijeron: "Delfina es la única opción, es la única que sabe la realidad de la mujeres, de la educación y de la economía en el Estado de México, ella lo sabe porque ella lo vivió, como nosotras, como nuestras madres, abuelas y hermanas".

Sorprendía la conciencia social y de género que las militantes de Morena demostraron, mientras marchaban se escuchaban consignas como: "las mujeres van llegado, el PRI está temblando"; "Ni una más, Delfina los detendrá". "Calladitas, no". Les pregunté a algunas de ellas si era conscientes de la realidad de las mujeres mexiquenses, la mayoría respondía que estaban informadas, y que ya estaban aprendiendo a organizarse, a luchar entre ellas por ellas".

Cuando la candidata llegó se hizo un revuelo en la reunión, corearon su llegada con la consigna: "Delfina, señora, serás gobernadora".

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Y cientos de mujeres, mujeres del pueblo, mujeres que han superado y sobrevivido a la violencia económica del Estado de México, le demostraron a Delfina que aunque ellas no son diputadas, aunque no tienen una imagen pública, tienen voz, tiene hambre y sed de justicia.

El discurso de la maestra fue ejemplar, con él denunció la corrupción y la pobreza que se vive en el Estado de México, denunció la violencia que se ejerce sobre las mujeres mexiquenses, violencia económica, verbal, física, incluso violencia psicológica, porque el PRI nos hace creer que es imposible un cambio político. Reconoció que varias de las demandas y exigencias del pueblo mexiquense es la justicia, todos y todas quieren que los gobernadores corruptos paguen lo que se robaron, que regresen al pueblo los millones que le han despojado.

Huxiquilucán fue el mejor panorama para esta reunión, un municipio pobre, rodeado de hambruna, de miseria, un municipio gobernado por Alfredo del Mazo, quien pasó y no pudo ayudar a las cientos de familias mexiquenses que siguen en extrema pobreza, un presidente municipal que no pudo frenar la corrupción, ni la impunidad, ni la violencia de género en ese municipio. Rodeado de árboles y vegetación, ese municipio abandonado, sacado de una de las narraciones de Juan Rulfo donde impera la desesperanza fue la sede que reunió, como en una sola alma femenina, a las mexiquenses.

Cientos de mujeres mexiquenses le demostraron al país que Delfina no necesita el apoyo de mujeres corruptas, ni ambiciosas que dan la espalda a las mujeres del pueblo, le demostraron que ella tiene el apoyo más genuino y puro, el apoyo de las mujeres pobres, ciudadanas comunes, de esas mujeres que están librando día a día una batalla contra el machismo y la misoginia, de esas féminas mexiquenses que están dispuestas a luchar, para darle un lugar a la esperanza.