Introducción a la presión demográfica y políticas públicas

En este último artículo, retomaremos el tema dado por los dos artículos previos: la carga demográfica así como las políticas públicas que surgen en consecuencia y la presión demográfica analizada desde el contexto histórico del viejo continente europeo. Esta vez, es el turno de Estados Unidos.

Historia y presente de la inmigración en Estados Unidos

El siglo XX como se viera anteriormente, ha sido el escenario temporal de los conflictos más cruentos de la historia humana, pero, al mismo tiempo, ha traído consigo una gran oferta de mano de obra cuya demanda ha cubierto los países con una mayor carga poblacional.

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Estados Unidos, análogo a Europa en los tiempos de guerra y ''post-guerra'' y, en conjunto con México, firmaron en 1942 el convenio ''Bracero'' en donde bajo condiciones pactadas por ambos gobiernos, se controlaría el flujo de inmigrantes hacia Estados Unidos para trabajar la tierra e impulsar la economía norteamericana. Es cierto que el programa buscaba entre otras cosas, mantener un flujo sano de inmigrantes para no dañar la economía mexicana ''aunque en la realidad no fuera así'' pero, a pesar de los salarios y el estado legal bajo el cual entraban los inmigrantes, se documentaron vejaciones y discriminación.

Oficialmente, el programa terminó en 1963 cuando ya no se requirió más la mano de obra.

Además de este convenio, en la década de los 50 se adoptaría el programa llamado peyorativamente "Wetback" donde se deportaron y violaron los derechos humanos de quiénes en otros años, levantaron la economía estadounidense.

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Posteriormente, Estados Unidos crearía en las décadas por venir, un programa de control inmigratorio estricto donde cesaría todo flujo circular entre México y Estados Unidos. Es decir, si antes los inmigrantes venían a Estados Unidos y regresaban a México, por miedo a no poder regresar a suelo estadounidense por estas nuevas medidas, los inmigrantes preferirían quedarse. De esta forma, irónicamente, no sólo no funcionó un control más estricto sino que además, tuvo el efecto contrario que esperaban las autoridades americanas ''el de disminuir el número de inmigrantes ilegales'' Aseveró Douglas Massey, profesor de sociología y asuntos públicos de Princeton.

En tiempos modernos y dada la atípica presidencia de #Donald Trump se vislumbra otro factor importante en cuanto a política pública se refiere. La renegociación del TLCAN ''Tratado de Libre Comercio de América del Norte'' Y en este respecto, México se encuentra bajo presión; por un lado, en junio de 2015 el dólar costaba 15 pesos mexicanos y, en enero de 2017 registramos un costo de 22 pesos con una especulación, de entrar en una guerra comercial de manera frontal en Estados Unidos, de hasta ¡40 pesos por dólar! y esto sin mencionar los 60 mil millones de dólares invertidos en suelo azteca por medio de empresas transnacionales.

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Bajo estas circunstancias, México debe poner sus cartas bajo la mesa y renegociar los acuerdos del #TLCAN. En primer lugar, la influencia económica que aporta México no es poca, 60 mil millones de dólares invertidos en empresas transnacionales en este país afectan directamente a 6 millones de trabajos americanos mientras que la segunda carta, de carácter demográfico, apunta a un control débil de la frontera sur y sería Estados Unidos quién se encargaría del flujo migratorio proveniente de América Central. En otras palabras, veríamos una desestabilización de la frontera norte y ello, se traduce en una frontera caótica e insegura.

Quizás sea entendible que ciertos valores, propios del intercambio cultural inherente del fenómeno de la globalización no sean tropicalizables a la población nativa de un país, pero, al igual que las especies naturales, los países tienen por sobre todas las cosas, el deseo de la auto preservación y parafraseando a Richard Dawkings en su libro ''El Gen Egoísta'' las especies no cambian ni se adaptan voluntariamente al proceso evolutivo y así como estas entidades biológicas, a pesar de las dificultades para adaptarse a nuevas culturas y nuevos paradigmas sociales, es un hecho que es la fuerza laboral quién en última instancia, trae consigo el ímpetu necesario para perpetuar la existencia misma de un país y su prosperidad y, dicha meta, de pregonar una política intolerante e inflexible con las realidades demográficas que tenemos, no se alcanzará. Tanto Europa como Estados Unidos deberán al menos acreditar esta aseveración y así como nos preguntamos ¿Quiénes son los americanos? y ¿Quiénes son los europeos? Poder indicar al menos que las diferencias culturales y raciales ya no distinguen más a las naciones, sólo en todo caso, el beneficio que éstas puedan traer a ésta.