La semana pasada se celebraron los comicios presidenciales en Francia, en donde después de una batalla bastante cerrada, el candidato centrista Emmanuel Macron se llevó el primer lugar de la elección con un 24% de los votos, seguido muy de cerca por la ultraderechista Marine Le Pen con un 21% de los sufragios. Declarar como vencedor a Macron hubiera sido bastante caótico e incluso pudo haber llevado a Francia a un estado de ingobernabilidad política.

La constitución francesa estipula que para que un candidato sea declarado ganador en la primera ronda electoral este debe obtener una mayoría simple (50+1) del total de los votos emitidos, de lo contrario, los dos candidatos más votados en la primera ronda participarán en una nueva elección que les permitirá juntar esa mayoría simple y así alzarse con la victoria.

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Para esto, los dos contendientes buscarán negociar con las diferentes fuerzas políticas su apoyo para poder asegurar su victoria, lo cual no solo garantizaría una alianza electoral clave, sino también la legitimidad del ganador y un estado de gobernabilidad (plena pero no absoluta).

El terror que supone Marine Le Pen y sus políticas populistas de ultraderecha, han hecho que la mayoría de los candidatos declinen a favor de Macron en aras de preservar no solo los intereses de ellos o de sus partidos, sino los de toda una nación. En el caso concreto de México, en las 3 últimas #elecciones presidenciales ninguno de los ganadores logró obtener una votación mayor o igual al 50% (el más cercano fue Vicente Fox y fue de 42.2%) lo que ha acarreado un sinfín de conflictos post-electorales y una interminable guerra política entre partidos que continúa hasta nuestros días.

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Tanto en la elección del Estado de México como en la presidencial, el vencedor obtendrá una votación no mayor al 40% por lo que lejos de tener gobernabilidad, dividirá más el ya de por si endeble sistema político electoral de nuestro país. El principal problema es que ni el PRI ni AMLO quieren arriesgarse a que une segunda vuelta electoral les maté sus aspiraciones presidenciales (ya sea con un bloque antioficialista o uno antipeje) pero lo que no saben es que así como puede tumbarlos, puede catapultarlos a la victoria (pero claro, para eso deberán formar alianzas).

La reforma de la segunda vuelta electoral parece acercarse cada vez más a la congeladora legislativa por lo que es inminente que el próximo año volvamos a escuchar como alguien dice: "Hubo fraude electoral, esto es un complot". #AMLO #PRI