El mundo sea cae a pedazos. Es fácil decirlo por que es fácil verlo. La guerra civil en Siria se ha extendido por tanto tiempo que ha dejado de ser una noticia que preocupa. La guerra contra el narcotráfico en México se recuerda cada cuanto con noticias de fosas, asesinatos y balaceras en lugares donde antes, se dice, no pasaba nada. Venezuela vive una violencia sorda, lejana de las bombas del Medio Oriente pero cercana a la incertidumbre y al capricho de un sistema que ha dejado de parecer una buena idea desde hace mucho tiempo.

"Las cosas están peor que nunca", se dice en las calles, en el trabajo, en la casa. Las portadas de los diarios hacen referencia a la #Violencia de nuestras ciudades, en ese mundo que casi siempre pasa de noche y cuya historia más oscura y rica está en las voces del barrio que cuchichea sobre su rojo acontencimiento.

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Escuchaste, mataron al hijo de doña Amparito. ¿Supiste de lo de Francisco? Tenía a su madre secuestrada en su propia casa. Pero la culpa es del papá, que andaba con la vieja de Laurel. Normalizar. O mejor, aderezar. La violencia es insoportable, hay que humanizarla, ironía tremenda porque quizá la violencia sea humana. Hay que darle una visión distinta.

Los asesinatos en este mes subieron respecto al mismo periodo del año pasado, se escucha. Narcotráfico. Narcomenudeo. Tiroteos. Violaciones. Acoso. Una sociedad que se come, gula insaciable de sangre y guerra. La frase parece estar justificada: "las cosas están peor que nunca". Es, realmente, una percepción un tanto equivocada.

El mundo es igual de violento, quizá lo sea menos. La diferencia es que hoy nos enteramos más pronto y con más detalle.

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El caso de plaqueta, el de los Porkys, estas historias de acoso y violación que indignaron a México no son hechos, desgraciadamente, producto de una sociedad más deshumanizada que antes. No, se viralizaron. Al mismo tiempo, la gente tiene más plataformas para hacerse escuchar: Twitter, Facebook, Periscope.

Cada día las #Redes Sociales se alimentan de un monstruo que resulta ser la especie humana misma: su peor rostro. Estado crudo. No están los cuchicheos de barrio que, al normalizar, quizá la hacían menos real. La violencia es parte inherente a la naturaleza humana y el internet es una herramienta que sirve para extenderla pero, también, para combatirla. Cerrar los ojos ante la verdad sería negarnos, abrazar una idea ingenua, esconderse ante el problema. Magnificarlo es irresponsable. No hay solución para la exposición porque, exponer no es el mal en sí. El mal es la misma violencia. Su solución es simple y, por eso mismo, difícil: simplemente recordar que, la persona de junto es un ser humano. Como nosotros. La fórmula contra la violencia es la misma #humanidad. O al menos, su mejor rostro.