Y todo cambia absolutamente todo. La causa y el efecto constituyen una ley natural contra la que no se puede hacer nada por cambiarla. En todo lo que hacemos está implícita tal ley, y habremos de sentir sus efectos queramos o no. A aceptar de manera consciente tal ley se le llama Responsabilidad, pero la Responsabilidad, independientemente de que sea o no un canon personal, e independientemente de que la aceptemos o no, o la conozcamos o no, igual se hace presente y “cobra” o “paga” el precio del efecto que provoca cualquiera de nuestras acciones o causas, sean estas correctas o incorrectas.

Y de estas leyes naturales surge el que en el ayer y en el hoy sean distintas las circunstancias pues toda elección pasada genera un cambio, cambio que afecta el presente de un todo: la vida propia.

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* NOTA: Por acciones incorrectas NO me refiero a lo que dictan las reglas sociales, me refiero a las acciones que, independientemente de lo que intenta dictar la sociedad, vayan en contra de la virtud propia. Cuando era un niño, un puberto y un adolescente, no sabía, y obvio no podía dejar claro el párrafo anterior. Fue en mi adultez, y no hace mucho, que comprendí tales leyes y sus efectos en la vida. En el proceso me di cuenta de que muchos padres, al menos en la dinámica de nuestra sociedad occidental, no enseñan lo que redacto a nuestros hijos, y eso provoca otro efecto irremediable: que nuestros hijos elijan acciones sin consciencia del efecto que se generará, y de que tendrán que ser Responsables de lo que ocurran, repito, lo sepan y acepten o no. Más allá de que tengamos o no tengamos hijos, y de que los queramos o no tener, es imprescindible trabajar de manera personal en lo que es una causa, un efecto, y la responsabilidad que implican dichas naturalidades.

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Lo es porque de lo contrario viviremos a ritmo íntimo siempre acelerado (tratándose de acciones incorrectas) cuya sustancia agria nos genere otros efectos que desvirtúen el verdadero significado de los sustantivos de esta vida.

“Uno crea la propia suerte”, dice bien un gran amigo mío. Y en esa verdad está implícito que se tiene que atender la causa o el síntoma propio para, según el efecto de la duración, calidad y entereza de ese trabajo, dirigirnos por la vida con mayor precisión. Hacer esto se llama: Sensatez, equilibrio, prudencia, buen juicio… Y sí, no es algo fácil de hacer porque siempre tenemos al confort conspirando en nuestra contra, pero volvemos al principio de este modesto artículo: “La vida de ayer fue otra vida. Todo, absolutamente todo, cambia; y todo cambia absolutamente todo”. #SERIES #Educación #Viral