Primero, la advertencia. En el Facebook alguien compartió la noticia diciendo "cuidado, hay tripas y sangre". Como segunda fotografía, un pequeño bulto en el piso que se reconoce de inmediato como una cabeza humana. Ya no sorprende. Estamos tan acostumbrados a la violencia por todos lados que la figura es casi anecdótica y seguro tuvo muchas más impresiones que el resto: se trata de vender. Entrañas. Morbo.

Pocas noticias antes, la censura de la decencia. El tiroteo en una escuela de Monterrey y cuyo video viralizó hirió suceptibilidades. Los noticieros pidieron disculpas por el material que estaban por mostrar, excelente técnica para enganchar al televidente.

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Rating. Números. De esto se trata este negocio: números, entradas, impresiones, clics, impacto en #Redes Sociales, reproducciones en Youtube. La ética no es negocio.

Aldous Huxley lo había visto mucho antes, pero desde otro enfoque. En su novela Un mundo feliz, los habitantes de la distopía están preprogamados a base de publicidad. Consumismo. Quizá Huxley no advertía, describía. Panem et circenses. En la antigua Roma se pagaba por ver esclavos morir a manos de bestias o viceversa si el gladiador tenía suerte. El espectáculo de la sangre. Consumir. Dinero. Tenemos lo que soñamos. Qué importa que sea horrible.

Por si faltaba más

El problema con los influencers es que cualquiera puede llegar a serlo. Abundan en Twitter las cuentas destinadas al único propósito de reventar al prójimo: misoginia, homofobia, sexismo, racismo.

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Las cuentas se roban contenido entre sí, la gente las retuitea, hacen captura de pantalla y se exhiben en otros medios. Qué risa. Algunos paladines las pretenden combatir, pero fracasan de antemano. "Es de broma". Tras el anonimato, una satisfacción parecida al orgasmo: la fama.

En el caso del accidente de Reforma, cuentas con cierto grado de impacto o con intenciones de tenerlo, sacaron el comentario.

El comentario se replicó a la velocidad característica de esta red social. Por alguna razón, algún medio consideró relevante el hecho de que la víctima había salido sin su prometido aquella noche. Culpa implícita. Que otros se encarguen de darle su forma definitiva. Las redes sociales se alimentan del odio. Que el mundo se entere. No importan las vidas que se perdieron, el dolor de la familia, de los amigos, la impotencia de saber que quien iba al volante salió ileso. Nada más.

Fama. Exposición. Black Mirror. Hablar por hablar, pero las impresiones rompen la gráfica. Vales por lo que te has expuesto. Te reduces a un número. Pero lo aceptas.

Epílogo

Trasciende que se buscan demandas contra el bar, el valet parking y sabrá Dios contra quién más. Triste. En un intento de redirigir la culpa, alimentan al monstruo. #BMW #Accidente en Reforma