“Hacer el súper” no es tan trivial como parece, se trata de proveer la alacenas, el frutero, el refrigerador y la vianda de la mascota. El señor y la señora de la casa no me dejarán mentir. Repaso mentalmente el paso a paso, nunca he podido navegar sola en los supermercados, es delirante, me provoca desasosiego, elegir entre más de dos objetos no es sano para mí, a veces elijo al azar y salgo de ahí. Siento que me engañan. Pero no más, uno madura y aprende a hacerlo conscientemente.

Señores, esta es una travesía, y si no lo hacemos con cuidado puede ser un viaje sin retorno. Recordemos: somos proveedores y aunque ya no cazamos como nuestros antepasados o recolectamos de los árboles, sí tenemos nuestros instrumentos y estrategias de caza, somos selectivos, olfateamos fechas de caducidad y sabemos de especies de productos que ahora llamamos marcas.

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El reto exige previamente escribir una lista que nos guíe por el lugar. Se recomienda no llegar así, con la intención de “a ver qué pasa”.

Comience con lo natural. Directo a la zona de frutas y verduras. Dude de lo que se ve muy bonito, vegetales o frutas encapsuladas en un blíster transparente, biodegradable. Recuerde cuando iba al mercado local y su mamá le indicaba a punto de coscorrón y manazo cómo elegir un aguacate, jitomate o papaya al punto, cómo manejarlo para no magullarla y cómo regatear con el marchante. Esta sabiduría es ancestral, escuche esa voz.

Si es usted es vegano seguro se sentirá complacido con las promesas de un mundo feliz de los productos orgánicos, sin duda la tierra tiene también a sus consentidos.

Busque la panadería. Deténgase y observe el paraíso. Olfatee. Es hermoso.

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No se emocione. El pan es un placer difícil de controlar y aunque en otros tiempo fuera multiplicado y consagrado, hoy tiene tantas formas y sabores que la invitación es a ponerlo en la mesa con precaución y asignar la pieza por cabeza y cantidad de royal en el cuerpo. Es fácil esponjar a su familia.

Ahora recorra pausada y atentamente los pasillos. Está usted en la zona de abarrotes. Formalmente comienza el griterío de nombres, colores, propiedades, caducidades y publicidad. Saque su lista. La batalla de las sonrisas, de la felicidad de hombres, mujeres y niños fortificados por los conservadores. Los tomates y vegetales más frescos pero al vacío. El atún y los manjares marinos cautivados por marinos guardianes del “abra aquí”. Mire su lista de nuevo. No se pierda. La última vez olvidó la pasta de dientes.

Continúe. Cuando llegué a las bebidas lea cuidadosamente si la leche es leche, sustituto, soluble, o agitable para que agarre color. El nombre no importa aquí, los precios menos. Acérquese al producto que retrate mejor a la vaca.

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A veces la imagen cuenta.

Siga el mujido y llegue a la charcutería y carnes. Aquí vuelva a mirar la lista. Cuide que lo que elija tenga su sello TIF y de preferencia Khoser. Recuerde que fuimos cazadores. El color y elasticidad le dará la información que necesita. Somos carroñeros de charolas, de carne perfectamente envuelta en unicel y plásticos. Nuestras presas están limpias y dispuestas al sacrificio del sartén. Sazone al gusto.

No desespere. Ya vamos de salida. Aquí seguro sospechará de lo que hace. Usted enlistó como diez artículos y lleva más de 30. La fila rápida ya no es opción. Seguro pensará en lo descuidado que es: ¡tantas cosas que faltan y sólo numeró diez!

Licorería, farmacia y limpiadores. El alipús no debe faltar. Tomé un par de botellas. Revise la graduación de alcohol y cuide que no supere la del agua de colonia para después del baño.

Sí, este último elemento "para después del baño" nos lleva a la siguiente sección. El olor a humano hace mucho que salió de la memoria colectiva, hoy es peor que una mala palabra o un gesto mal puesto. Entre el champú y los jabones florales, frutales y maderosos burbujosos, aparece algo nuevo, un punto y aparte. Una advertencia que reza clarísima: Zona del Hombre. Desde ahora su ida al súper no será cualquier cosa.

Por un momento, antes de la fila en caja podemos reflexionar. ¡Sí señores, basta ya que la belleza tenga color pastel y aromas suaves. Basta ya de que sólo las damas tengas días difíciles o deban correr por la mañanas, tardes y noches por un esmalte, quitaesmalte, depilador o tampón. Los hombres reclaman, bautizan y conquistan un lugar entre tintes, algodones y cremas desmaquillantes. Ahora ellos tienen sus aromas, colores y texturas. Ya no tendrán sólo el pasillo de accesorios para auto para sentirse bien, ellos deben tener un espacio en los anaqueles de la belleza y no es chiste! Esa es una clara invitación para la señora si es el caso: no olvide llevarle una crema o champú a su marido, lo agradecerá, mejor aún ¡lleve a su marido! Ya no estará sola nunca en ese pasillo. Compartan experiencias y consejos, ¿por qué no? #YoSoloPasabaPorAqui #nuevomarketing #Tendencias