El 23 de abril celebraremos, como cada año, el Día Internacional del Libro. La fecha la determinaron, como no queriendo la cosa, dos grandes escritores: William Shakespeare y Miguel de Cervantes, quienes por azar del destino y un reajuste al calendario murieron el mismo día. #México es, como lo dijo Miguel León Portilla, Amoxtitlán (Tierra de #Libros, en náhuatl), sin embargo, pocos celebran el Día Internacional del Libro, porque pareciera que tenemos muchos escritores y poquitos lectores.

Las encuestas del INEGI indican que no leemos más de tres libros al año, en promedio. Un promedio muy ventajoso, porque aquellos que no leyeron ninguno, bien pudieron colgarse de la respuesta de aquel que leyó doce.

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Por otra parte, la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales nos señala que la esperanza está en los más jóvenes, pues la mayoría de quienes aseguran haber leído más de un libro en el año tienen entre 15 y 23 años de edad. Si esa es la población a la que debemos dirigir nuestros esfuerzos para promocionar la lectura, la tarea es complicada. Hablar de literatura infantil y juvenil, incluirla en los programas de estudio de carreras como Letras Hispánicas o Gestión Cultural, nos ayudaría a trabajar en campañas efectivas y a acabar de una vez por todas con la idea de que la literatura juvenil es mala sólo por ser juvenil.

Lectores en potencia o ya declarados, lo más importante es saber orientarlos (contrario a lo que señala una popular campaña de fomento a la lectura, el pediatra no sabe de literatura).

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La creciente popularidad de los booktubers, jóvenes que hablan de libros en youtube, ayuda bastante a mostrar la cara divertida de la lectura, a mostrar que leer es para todas las edades; que hay libros para todos, y dejar de lado la imagen del “nerd”, este chico o chica al que todos molestan por ser “raro” y leer mucho. Pero, como todo lo que está en internet, primero hay que revisar contenidos, si bien un libro te lleva a otros, tristemente también hay libros a los que podemos llamar basura.

Una de las medidas más interesantes para promover la literatura infantil y juvenil han sido los premios que se otorgan (por instituciones mexicanas) a libros enfocados a ese público. Si tanto pregonamos el hashtag consume local, apliquémoslo a la lectura, hay grandes autores mexicanos escribiendo para tus hijos, primos, sobrinos, hermanitos, vecinitos, etc. (Y para ti también). Este 23 de abril estaremos a siete días del Día del Niño, acérquense a las actividades culturales, asistan a las lecturas públicas y aprovechen los descuentos en editoriales, quizás encuentren el regalo ideal por el Día del Niño, para su niño interior o para otro que conozcan.

Tal vez, si logramos enamorar a los más pequeños de la lectura, tengamos en unos años a esos pensadores críticos, a esos académicos brillantes y a esos políticos conscientes que tanto necesitamos. O que por lo menos digan que leen (en vez de robar), pero poquito.