En estos días sigue siendo noticia de primera plana en las redes sociales el reto de la Ballena Azul, que manipula a los participantes para llevarlos a una pérdida de autoestima y depresión tal, que no les importe quitarse la vida.

Leer las declaraciones de quien ha sido presentado como creador de esta actividad en la web, un hombre joven de nacionalidad rusa, pone la piel de gallina. Según sus palabras, les dio a sus jóvenes suicidas el amor y la calidez que no les brindaron en sus casas, ¡a pesar de que los había seleccionado por considerarlos sobras de la humanidad!

¿Cómo le hizo para tratar cordialmente a seres que además de que nunca vio en persona, daba por sentado que se desarrollarían en el mundo como parásitos malignos? ¿Con qué criterios, con qué experiencia de la vida se estaba guiando para establecer los tales requisitos de admisión? Creo que vamos entendiendo para qué sirve dejar trunca una carrera universitaria, porque el hombre fue expulsado de la Facultad de #Psicología, mientras cursaba el tercer año.

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Según él limpió el planeta para salvarlo, pero arrasó hasta con el concepto de los kamikazes, que por lo menos sabían que su primera misión sería la última, que morían persiguiendo un objetivo y con la sensación de que eran el brazo ejecutor de su Dios. También se hicieron trizas los habitantes de Masada, que después de una heroica resistencia y ante su derrota inminente, se suicidaron para no convertirse en prisioneros y esclavos de Roma. ¡Vaya! Arreó hasta con las palabras de Jean Paul Sartre y queda - en duda - si de verdad es el único acto libre al alcance de un ciudadano común.

El mismo Hitler, que se pegó un tiro para salvar la poca dignidad que le quedaba se desdibuja y cobra una fuerza enorme el recuerdo de los infortunados colonos de Jonestown, que en realidad pagaron los platos rotos de la frustración y enfermedad de su líder.

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Un suicida no se mata. Lo matan.

¿Qué podían haber estado viviendo esos muchachos, que nada más se sintieron queridos y aceptados por alguien que reclutaba desperdicio humano? Hay varias versiones del famoso reto, pero destacan una que dura treinta días - un día, un paso - y otra de cincuenta. Cualquier semejanza con el tiempo establecido para entrenar a los niños combatientes en el Estado Islámico, es mera coincidencia.

En los ejércitos de la Yihad, los niños de diez a quince años diariamente ven crucificados, lapidaciones, decapitados y los jugadores de la Ballena Azul ven películas de ejecuciones, de guerras, torturas, vídeos snuf y se infligen ellos mismos cortaduras en brazos y piernas. Los niños del Estado Islámico duermen en colchones infestados de pulgas y los cachalotes del mundo civilizado tienen que despertarse a las cuatro y veinte de la madrugada para encender sus computadoras y si la tarea no es ver algún vídeo aterrador, entonces es contestar un formulario de preguntas humillantes, si no es que reciben la orden de pararse en una cornisa, permanecer ahí diez minutos o sentarse con las piernas al aire.

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El caso lamentable es perder sensibilidad y con ello, el respeto por sí mismos. #Educación #Derechos Humanos