El dinero es ese objeto que intercambiamos por bienes y servicios, ese poderoso caballero que convierte mentiras en verdades y viceversa, según quiénes lo tengan a la mano, desde tres mi años antes de Cristo ha sido el medio de cambio, la unidad y el depósito de valor frío, aceptado comúnmente y generador de confianza, que ha cambiado de forma para seguir siendo fácilmente transportable, divisible, no perecedero ¿inalterable en el tiempo? ¿difícil de falsificar?

Temo que esas dos últimas ya no. Nada más los #Bancos principales de cada país tienen la posibilidad de actualizar la moneda, que ésta sola necesidad ya indica un trastorno generalizado en la economía y ni qué decir de la alteración provocada por estar viviendo de crisis en crisis, devaluación tras devaluación.

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Los dispositivos de seguridad que constantemente cambian y se publican para que los comerciantes identifiquen la autenticidad de billetes y monedas, nos habla de lo fácil que es falsificar el dinero, a pesar de que en 2004 se inventó el sistema de detección CDS que impide a los falsificadores el uso de programas como Photoshop para sus fines; aunque mucho nos asombre que desde la década de los treinta del siglo pasado ni pesos, ni dólares, ni euros, ni peculios de los países que sean, descansan sobre algún patrón de metales preciosos.

Internet ha venido a revolucionar hasta la intimidad de los usuarios, así que para el año 2008 ya se había tardado en revolucionar el capital. En ese año se diseñó un algoritmo, una moneda virtual llamada bitcoin. Se dice que su inventor es alguien del Japón, cuyo nombre es Satochi Nakamoto. Aunque nadie lo conoce ni lo ha visto, se da por sentado que es un hombre.

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Sea quien sea o lo que sea, inventó una divisa que puede dar al traste con la banca como la conocemos y no porque ya sea posible guardar todo el caudal en una memoria USB, sino porque no pertenece a gobierno alguno, no se puede crear deuda con bitcoins, una unidad se divide hasta en nueve decimales y como es virtual es infalsificable.

El hecho de que en los medios masivos de información apenas se toque el tema, se debe a que no saben todavía si darle a Satochi Nakamoto el premio Nobel de Economía o meterlo a la cárcel. Y es claro que él, ella o ellos no se esperaron a ver cuál sería la decisión, porque en 2011 desaparecieron de la Web.

También se piensa que es un ideograma. Los que dominan el idioma japonés aseguran que existe la palabra satochi, que en español significa pensamiento claro. La palabra naka la traducen como medio, recurso. Moto es origen; luego entonces, satochi nakamoto, si no es nombre propio quiere decir "creador de un medio transparente". También satochi se ha convertido en un nuevo sustantivo.

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Es la cienmillonésima parte de un bitcoin o por decirlo con un lenguaje más entendible, el satochi es el centavo del bitcoin.

En un principio era posible el acceso al algoritmo de manera solitaria. Cualquiera que tuviese una conexión a Internet y unos cuantos miles de pesos para pagar la energía eléctrica que eso consumía, podía minar satochis y más satochis hasta completar varios cientos, miles y hasta millones de bitcoins. Pero este dinero virtual fue diseñado para que cada vez sea más difícil minarlo en solitario.

Hoy lo que se maneja son portales de grupos de mineros y aunque la ganancia no sea para una sola persona, lo que se va anotando para cada usuario es de cada usuario y no se gasta la electricidad que necesitan quienes todavía minan en la soledad de sus casas.

El origen de la palabra bitcoin viene del idioma inglés, es el acrónimo de Binary digit. Han surgido otras criptomonedas: Namecoin, feathercoin, litecoin y primecoin, pero ya se sabe que segundas partes nunca fueron buenas y el que pega primero, pega dos veces.

Se presume que esta nueva moneda del ciberespacio no sufrirá los embates de la inflación porque no se fabricarán más de 21 millones de unidades. Si cada bitcoin tiene cien millones de satochis, habrá para todos. Por lo menos esa es la esperanza. #Finanzas