La noche del 6 de mayo será sin duda el recuerdo más amargo que tendrás en tu vida Julio. Y tal vez tu padre la recuerde igual o hasta peor y amantes del pugilismo también tendremos tu imagen de perdedor ante un #Canelo imparable.

¿Sabes qué es lo que más duele Julio? Nos duele tu padre, nos duele ver que a pesar de los esfuerzos de estar a tu lado, apoyar tu carrera y darte consejos, a la leyenda no le alcanzó para que fueras lo que el mundo esperaba: el heredero al cual entregarle su trono.

Pretextos hubo muchos para justificarte en tu mala carrera en el cuadrilátero: mala preparación, juventud, indisciplina, malos entrenadores, malas compañías, hoy no hubo un solo pretexto para tapar lo que sucedió en Las Vegas.

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Tuviste la mejor preparación física de tu carrera, sigues siendo muy joven, la disciplina se te obligó a tenerla al pedir que te llevara de la mano Nacho Beristain, porque tu así lo pediste, porque tú dijiste a tu padre que a Nacho si le harías caso.

Años te escuchamos con insultos a Saúl Alvarez, con retos de subir al ring, era la pelea de tus sueños - como lo dijo tu propio padre - la pelea en que querías demostrar al mundo de qué estabas hecho y probar que el Canelo no era lo que tanto pregonaba.

¿Qué sucedió Julio?

Sucedió, que el boxeo no se lleva en las venas en tu caso, sucedió que no te alcanzó para dar una pelea digna y no avergonzar a tu padre al grado de contener las lágrimas, sucedió querido Julio Cesar, que ni el mejor entrenador del mundo va a poder sacar de tu cuerpo algo que a tu padre le sobró y que no se hereda: se llaman agallas.

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Todos los recursos que se te dieron en charola de plata se fueron la noche del 6 de mayo a la basura, la pelea que tanto soñaste sirvió para que por fin muchos reconociéramos que Canelo es el peleador que dice, es el pugilista que ha demostrado pelea a pelea y merece una disculpa del mundo entero por dudar de su capacidad con los guantes.

Tú mereces que te pidamos que dejes de ensuciar el apellido de tu padre, que dejes de escudarte en el linaje Chávez para subir al ring y dejes de vender fantasías a los fans de tu padre que somos los que te hemos apoyado.

Julio, la diginidad en tu caso tuvo precio, costó 10 millones de dólares. Pero esos 10 millones de dólares también se cobraron la vergüenza de tu padre, su ego, y que aceptara ante el mundo que el hijo que debía ser su mayor orgullo es su máxima vergüenza cuando te ve en el ring.

¿Cómo vas a reparar la golpisa mediática? - no a ti- a tu padre que es quien la recibirá.

¿Sábes qué es lo mejor que puedes hacer Julio? Rescatar algo de dignidad, esa dignidad que quedó enterrada bajo 10 millones de dólares, sácala y recata tu dignidad anunciando un retiro.

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Retiro de algo a lo que jamás debiste dedicarte.

Pide perdón al boxeo, a tus rivales por haberlos defraudo y a tu padre, sobre todo a tu padre, a Julio César Chávez, a la leyenda, que debe estar muerto de dolor de verte como un perdedor y no solo de puños, un perdedor sin las agallas que el tuvo toda su carrera, esas que valen más que mil títulos mundiales.

Retírate Julio, no vuelvas a ensuciar un ring y danos ese último round en el que sí ganarás por nocaut. #Chavez #Box