“En este país… mi país, tu país”, ¿cuántas veces escuché esa icónica canción de #MaríaTeresaChacín?, esa que nos llenaba de orgullo. Crecí en una nación rica en petróleo, amplia en geografía y abundante en todos los sentidos. Un lugar en #Sudamérica, en el que sus habitantes se caracterizan, sí, aún se caracterizan pese a todo, por su alegría. No teníamos nada de que quejarnos la verdad. Un amigo colombiano me dijo, “ustedes eran la Europa de Sudamérica”. ¡Ja jaja! Me dio risa, pero también nostalgia, porque quizá era verdad.

Hoy, nos toca ver, a muchos desde la distancia, y a otros en carne propia, cómo se nos desbarata el país en el que crecimos.

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Ya ustedes saben lo que pasa, así que no voy a redundar. En resumen, una nación que oficialmente está en resistencia, y ve caer, casi a diario, (y no solo por la abrumadora delincuencia) a sus jóvenes, esos que representan el futuro, esos a los que por ciclo de vida les corresponde liderar la reconstrucción de ##Venezuela, porque la vamos a reconstruir. De eso hoy no tengo duda.

Resistencia

Desde el pasado 1 de abril, iniciaron las marchas opositoras de distinta índole y en todas las ciudades venezolanas, como medida de protesta hacia un gobierno incapaz, consumido por el poder, el odio y la ineficiencia. Y hasta diría, por la locura. Desde entonces, la cifra que se maneja extraoficialmente alcanza los #38 #muertos, y un centenar de heridos. Jamás es agradable hablar, leer o escribir como lo hago ahora, sobre compatriotas muertos.

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Por ningún concepto. Pero menos aún por sus propios cuerpos de seguridad. Es aberrante.

Recientemente le tocó a “los viejitos”. Sí, la inconformidad es tal, que hasta los abuelitos salieron a marchar en #Caracas. Ellos, que ya no tienen posibilidad de abandonar el país, ellos, cuya mayor alegría es cerrar su tiempo de vida viendo un país próspero, y a sus hijos y nietos vivir en él. Pero claro, los efectivos de seguridad impidieron que la misma llegara a su objetivo al dispersarlos con gas pimienta. Pueblo contra pueblo. No importa ni siquiera la edad. No hay respeto. El poder y la ambición son más importantes.

Fe y esperanza...

La resistencia seguirá. ¿Es que acaso hay otra opción? #Venezuela seguirá siendo el centro de atención mundial, por algo que no queremos pero que necesitamos ser. No queremos más muertos, pero somos un pueblo desarmado. Aún queda voluntad. También hay mucho dolor e impotencia. Hay jóvenes que ni siquiera conocen esa Venezuela genial que describí en mi primer párrafo, y quizá no la conozcan porque esta realidad los obligó a marcharse. Así como a ti, o como a mí. A quienes nos fuimos no nos matará un balazo, pero nos asesina la nostalgia.

#Marchas #Maduro