El supuesto debate sobre la #Legalización de la cannabis sativa, mejor conocida como "mariguana", es una polémica intermitente en México. No hace mucho, el provecho de la hierba con fines medicinales fue aprobado por el Congreso. Ahora la polémica continúa frente a la "legalización": el levantamiento de toda restricción y pena impuestas actualmente por la cosecha, tráfico o consumo de la hierba con un objeto meramente estético o recreativo. Ante esto hay una serie de circunstancias contextuales que considerar.

"¿Qué es la legalización?" es una pregunta que deben plantearse los consumidores, o aquellos a quienes interesa la legalización.

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La pregunta puede parecer simple y su planteamiento absurdo, pero no menos simplistas y absurdos son los argumentos que se arrojan, desde un extremo u otro, para rechazar o apoyar la legalización plena de la mariguana.

El problema está en lo último: no parece existir punto medio posible en el debate. El consumo recreativo de marihuana se condena sin reservas o se enarbola sin escrúpulos. Existen tres dimensiones en las que el discurso recae dentro de una narrativa ideologizante.

La primera es la moral, la más estéril e inútil también. Aquí no me refiero a la moral imperante contra las drogas, según convicciones religiosas o políticas, que señalan a los fumadores (y a los bebedores, y los homosexuales, y los vagabundos) como enfermos del alma/ mente. Más bien a esa especie de chovinismo que ostenta aquella comunidad formada por sujetos que hacen de su hábito y placer una característica de su identidad personal: no sólo desprecian a los que condenan el consumo, por ser unos cuadrados, sino también a los borrachos y a los usuarios de cualquier otra droga (ellos SÍ tienen un problema).

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Aseguran que la mariguana tiene algo así como una superioridad ética, basada en un espiritualismo suave y sin sistema en la que el ácido, el psylocibe y el peyote también se inscriben: "expansión de la conciencia".

Lo cierto es que hay gente que fuma sin preocuparse mucho por su conciencia, si acaso buscan reírse de cualquier cosa, entenderle a los discos de Pink Floyd y las películas de Kubrick o mejor ver una de Jodorowsky; porque en esas no hay nada que entender.

La segunda dimensión es la #Medicina. Y aquí no hay mucho para dónde hacerse: la mariguana causa estragos en la salud, mientras más se fuma mayor daño. El humo en las vísceras y la sustancia en el cerebro. Este hecho debería ser obvio de sentido común. Y mientras unos exageran y otros reducen los riesgos médicos del consumo de mariguana, el punto se pierde por completo. La pregunta no es si la mariguana tiene riesgos, la pregunta es (y siempre lo ha sido): ¿tiene el Estado derecho y autoridad para imponer límites sobre el cuerpo y la mente del individuo? Individuo al que le ha sido prescrito su mente y cuerpo como propiedad exclusiva.

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La tercera dimensión es la economía. La legalización de un producto consumible necesariamente conlleva su afirmación como mercancía dentro del circuito de mercado. Bien dijo Burroughs: "la droga es la mercancía perfecta pues no necesita publicidad para venderse"; pero eso no detendrá a las compañías tabacaleras, transgénicas, aeronáuticas o de cualquier rubro a invertir grandes sumas en producción, procesado, empacado y la "atracción de marca" necesaria para volver la mariguana una mercancía tan vulgar y tóxica como una cajetilla de Marlboro o una botella de Bacardí. Los productos legales pagan impuestos, además, los cuales desde luego no son absorbidos por el consorcio.

Pero los fumadores no piensan en estas cosas, hablan de la "legalización" como los cristianos del Cielo, pretenden que sea una especie de lavadora moral, médica y social. Cuando la realidad es que la legalización está pensada para todo menos para lavarle la cara a los fumadores, no al menos a aquellos que no tengan dinero para pagar por el trapazo.

En un relato de González Suárez, un grupo de adolescentes proletarios y combativos comparten un toque en las entrañas de una unidad habitacional: "fumar mota es un acto revolucionario". Si toda la narrativa de positividades que los consumidores construyen alrededor de la mariguana es cierta, no tienen otra opción sino hacerse a la idea de que la legalización es lo que menos quieren.