Después de gozar de un largo período con precios del petróleo que llegaron a superar los 100 dólares por barril, #Venezuela finalmente despertó a la cruda realidad socialista. Las expropiaciones masivas de Hugo Chávez, después de mentir asegurando que no las haría, al igual que su mentor político Fidel Castro, llevaron al inexorable resultado de todos los regímenes socialistas.

El Estado asfixia la propiedad privada, pero es incapaz de producir como lo hacen las empresas de capital privado, con lo cual, empiezan a desaparecer productos básicos de la canasta alimenticia de los ciudadanos, además de cosas tan elementales como papel higiénico o jabón.

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Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo según el Fondo Monetario Internacional (FMI), y el segundo país más violento, sólo superado por El Salvador, de acuerdo con cifras del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV).

La democracia en Venezuela, es solo una simulación muy mal montada, solamente para intentar convencer a la opinión pública internacional. El pueblo venezolano hace tiempo descubrió que habían sido estafados, de modo que al régimen solo le queda evitar a toda costa sanciones internacionales, como las que infructuosamente ha pretendido la OEA, que puedan acelerar los acontecimientos.

Tanto la opocisión que es mayoría en la Asamblea Nacional y en la calle, como el secretario general de la OEA, Luis Almagro, llaman abiertamente Dictadura al actual orden político en Venezuela.

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Esto no solo está basado en la represión a las #Manifestaciones contra Maduro, sino también en los presos políticos y la usurpación de los poderes de la Asamblea Nacional por parte del Tribunal Supremo, controlado por Maduro.

Perdiendo contacto con la realidad

Desde que por medio de una sentencia, el TSJ transfirió de forma inconstitucional, los poderes de la Asamblea Nacional a Maduro, las protestas se han desencadenado y mantenido a diario, con decenas de muertos y heridos por la represión.

Mantener la apariencia en este caso no le importa a la cúpula socialista, tienen que evitar a toda costa que dichas manifestaciones lleguen a Miraflores, donde pudieran salirse de control. A Maduro, sin embargo, se le ha visto jugando beisbol, bailando y hasta hablando con las vacas.Recuerda demasiado a Nicolae Ceaușescu, dictador de la Rumanía comunista, que después de 25 años de férreo control al mejor estilo Stalinista, y rodeado de un círculo de aduladores, incapaces de llevarle la contraria, comenzó a perder contacto con la realidad.

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El desastre económico y social se transformó en enojo y protestas, brutalmente reprimidas al igual que hace Maduro, pero Ceaușescu pretendía dar otra imagen. El 25 de diciembre de 1989, tan seguro de sí mismo, convocó una manifestación multitudinaria, lo cual fue aprovechado por el pueblo para hacer la revolución.

El ejército intentó detenerlos y hubo muertos, pero finalmente Ceaușescu y su esposa fueron detenidos y enjuiciados in extremis. Un pelotón de fusilamiento se encargó de aplicar la sentencia. Maduro sabe eso y aunque públicamente baila y habla con las vacas, es probable que las voces en su cabeza no paren de recordarle el destino de Ceaușescu.

Hasta la fecha, la cúpula del ejército y el TSJ son el único sostén real de Maduro, y claro, la invaluable asesoría de su amigo Raúl Castro, quien cuenta con casi 60 años de experiencia en sostener una dictadura y en mantener las apariencias. Pero mientras en Cuba el tiempo pasa sin mayores problemas para la "gerontocracia" que lo gobierna, en Venezuela las calles se tiñen de sangre, de los héores que sienten el llamado de la libertad. #Gobierno