Recientemente, en Estados Unidos ocurrió un fenómeno que consolida un mecanismo, una suerte de algoritmo matemático. A partir de la tecnología, se difundieron mensajes tendenciosos y ¿manipuladores? con fines específicos. Si bien la práctica es utilizada con éxito por empresas multinacionales, es un traje a la medida para el ámbito de la #Política en épocas electorales.

Las acciones utilizadas por el ahora Presidente de Estados Unidos, fusionaron su perfil mediático con la tecnología de #Redes Sociales; y por el contrario de otros tiempos, se estableció un marcado distanciamiento con los medios de comunicación tradicionales, para dar lugar a una estrategia basada en el marketing digital.

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Las influencias en los primeros cien días del presidente estadounidense en redes sociales se confirman. Basta con unos pocos Tweets, para que ciertas acciones de empresas o el propio dólar, sientan el rigor de las poderosas estrategias digitales.

En 2015, Mauricio Macri en Argentina hizo lo propio. Si bien su relacionamiento con las redes sociales fue de toda la vida, se diferencia de Donald Trump, en que nunca se enemistó con los medios de comunicación tradicionales. El equipo asesor de Macri, encabezado por el consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba, especialista estratega en imagen política, no tan solo llevó una campaña ganadora, sino que la mantiene con una muy buena imagen y reputación por sobre sus opositores políticos. En este caso, además de una gestión diferenciada, con enfoque en insertar al país nuevamente en el mundo, la estrategia digital consolida un resultado imponente.

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Quienes se llevan la mejor parte del fenómeno social, son las empresas Twitter y Facebook, ya que los costos de campaña digital, además de elevados, no son regulados por organismos electorales, lo que abre la posibilidad de cruzar líneas muy delgadas, como por ejemplo exceder límites presupuestales, al permitirse ejecutar campañas, mediante métodos de pago hormiga con un sinfín de tarjetas de crédito en una misma cuenta.

La política 2.0 se ha puesto de moda. El campo de batalla ahora se traslada al ámbito digital

Aunado a las estrategias «limpias» de gestión de contenidos promocionales, la prensa se ha hecho eco en el caso de Estados Unidos, de actividades ilegales, presuntamente realizadas por hackers de origen ruso. De hecho, en la primera vuelta electoral de las elecciones en Francia en abril, la empresa japonesa de seguridad informática Trend Micro, informó que la página del candidato ganador de la primera vuelta y finalmente presidente electo de Francia, Emmanuel Macron fue pirateada.

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El hecho cobra relevancia, al ser de conocimiento público que el candidato Le Pen, simpatiza con el presidente ruso Putin.

Las elecciones presidenciales de 2018 en México, no parecen ser la excepción, ya que todos los ojos están puestos ahora en el Estado de México, un excelente termómetro para medir la temperatura de los partidos.

Bajo la lupa del antecedente digital, en cuestiones electorales, no cabe duda que los candidatos mexicanos tienen como opción favorita, las estrategias on line. Esta cuestión parece estar muy bien entendida por la «política 2.0», donde se sabe que es posible tener un presidente que no sea político.

La contienda electoral nacional ya está en marcha. Acusación y degradación de la oposición, falta de creatividad, populismo encubierto y otras cuestiones repetitivas y sistemáticas, son las mismas que ya se utilizaron en 2012.

¿Se preparan los candidatos para una política 2.0? ¿Tendrá México una contienda electoral digital? ¿Se trasladará el campo de batalla electoral a un nuevo nivel, en redes sociales? #AMLO