Primero fue Veracruz, ahora es el Estado de México y pronto será la Capital y el país entero: el tiempo electoral dilatado más allá de sus límites legales y materiales, la perpetua campaña que en caso de algunos se remonta hasta la década anterior.

México, organización simpática a reglas no escritas, tiene claramente algunos códigos inquebrantables que no yacen titubeando en ninguna escritura legal. Por ejemplo: un presidente debe asegurar la sucesión de su partido, con maneras o desmanes, sin fijarse mucho en salvar ninguna verdad sobre su “proyecto de nación”; que como cualquier verdad que debe salvarse es inexistente.

Anuncios
Anuncios

Si bien el PRI pudo lograr esto sin percances serios durante mucho tiempo, desde finales del siglo pasado y durante nuestra época parece ser un proceso cuyo grado de complejidad aumenta cada vez más. Lo interesante es que la crisis y quiebre se gesta al interior del partido dominante mismo: después sólo se necesita un rozón para producir el desplome. Y los medios suelen estar ahí en el momento, dispuesto a proveer el desequilibrio necesario. La sucesión se juega en todo momento pero principalmente en los procesos electorales. En el actual sexenio, la nula capacidad de respuesta del ejecutivo frente a los muchos golpes que ha recibido desde varios frentes exageraron la visibilidad del juego de la sucesión desde muy temprano: Al presidente Peña se le acabó el sexenio a la mitad. Para presidencia, el último par de años fueron de cero posibilidad de avance, su margen de movimiento bien responde a una perspectiva reducida a la contención.

Anuncios

Por eso el presidente se aferra a sus colaboradores clave y aquellos personajes que le dan buenos dividendos. La segunda elección parece sensata de sentido común, la segunda no tanto pues justamente algunos de sus “hombres fuertes”, en específico los secretarios Videgaray, Nuño y Miranda, son quienes más piedras le han puesto en el camino. Sin embargo, esta irracional, casi monárquica, adherencia de Peña por las lealtades puede ser sintomática: quizá es capaz de hacer lo que sea, hasta caer sin meter las manos, si de alguna manera eso ayuda a pavimentar el camino del PRI a otros setenta años en Los Pinos.

Mientras el caos se incrementa, la economía queda ahogada y los ciudadanos tendremos que hacernos a la idea de que la política se limita al tráfico de votos, que no pasan cosas más allá de los dimes y diretes entre Andrés Manuel y Ocho Reza o Yunes y que, al fin y al cabo, en nuestro país siempre son tiempos electorales.

También te puede interesar:

México, ¿Estado fallido?

Los candidatos #EPN #Edoméx #2018